Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


domingo, 10 de julio de 2011

DOMINGO EN LA MAÑANA



Pintura: Urbano Lugris





Y el hombre que tan desnudo en la vida está, tan a la intemperie, ha de dejarse arropar por el viento, amamantar por la lluvia, y cesar de esconderse en sus sofisticadas cuevas. Él con su sexo danzante al aire, debería dejar de cubrírselo por montañas de informes, y de rutinas. Dejar de vestir esos trajes de papel moneda. Un día de estos terminará de perderse en ese sucedáneo de vida que la sociedad inventa por él. Y ya no sabrá amar, ni sabrá llorar. Quedará helada la noche en un grito silencioso y desgarrado. Caerá una lluvia de poemas que no serán leídos por nadie. Los árboles se arrancarán las hojas de ominoso luto. Y ya no habrá valientes en la hora de la muerte. 




A veces me sorprende la metáfora que puedo leer en nuestros sexos. He dicho, “hombre con sexo danzante al aire”, y entiendo que todo en él es así. El sexo del hombre está a la luz. Sin embargo el sexo de la mujer está escondido, para llegar a él hay que empaparse de oscuridad. Por mucho que uno penetre en él, se moje en él, por mucho que uno lama, lo estimule, o se derrame en él, hay lugares que nunca abandonarán la tiniebla, que permanecerán sumidos en el misterio, a los que sólo adornarán con su brillo las estrellas que se erigen en el orgasmo, pero con esa luz fantasma que es toda estrella. Incluso para ella misma esos son lugares desconocidos, ignotos. La mujer carga en sus entrañas con el peso de esos misterios. Y quizás por eso lo complejizamos todo, porque nuestra misma sexualidad es compleja. Y no aceptamos esa desnudez, y esa simplicidad (aclaro, no es peyorativo. No entiendo por qué se tiende a infravalorar lo simple) del sexo masculino. A veces no vemos a los hombres, sino que los inventamos. Sus frases nos parecen cargadas de segundas intenciones. No entendemos de qué se ríen los hombres porque no podemos aceptar lo que a nuestros ojos es simpleza. Cuando se nos acercan siempre tiene que haber una segunda o una tercera razón. Cuando se alejan, quizás haya una cuarta o una quinta. No aceptamos a los hombres como son. Siempre tratamos de cambiarlos. Tenemos demasiado presente al príncipe azul, y al hombre que tenemos entre manos tratamos de encajarlo en ese molde. Y nos sentimos frustradas cuando las piezas nos encajan. Nos enfurruñamos y ellos nunca saben el porqué. Pero ellos aceptan con mayor facilidad nuestras locuras, que a veces el amor es un campo de batalla en el cual hay que izar una bandera blanca. Creo que no suelen plantearse las razones por las que están a nuestro lado, y que piensan que para nosotras debería ser suficiente el hecho de que estén aquí. Pero para nosotras nunca nada es suficiente. Y no aceptamos que se limiten a bajar los brazos en esa ardua tarea de entendernos. Pero ¿cómo hacer de lo simple complejo? Y lo que es peor ¿por qué hacerlo? Y no aceptar que la mayoría de las veces ni nos entendemos a nosotras mismas….
Claro que seguramente en todo esto esté bastante equivocada. Disculpen, no es más que una mera elucubración de un anodino domingo en la mañana, y una excusa para poner un cuadro de Urbano Lugris.

12 comentarios:

Maia Blank dijo...

La naturaleza es sabia, dos simples es muy aburrido, dos complicados una locura.
Bicos domingueros !

Aka dijo...

Vaya, al final voy a tener que creerme lo de la complejidad de las mujeres, porque menuda excusa para poner el cuadro! El cual debo decir que me gusta mucho, una pequeña alegría para una apacible mañana de domingo.

Lo de la simpleza de los hombres (y no porque lo considere peyorativo) no lo tengo tan claro. Muchos tienen un gran número de dudas, de preguntas por resolver, sentimientos contrarios, y no cesan de preguntarse sobre si mismos o lo que les rodea. Quizás la gran diferencia es que el hombre es más pragmático y suele acatar con lo que considera es la solución al problema (le guste o no la decisión), lo que desde fuera puede parecer simple. Diferentes actitudes, necesarias quizás (desde un punto de vista científico), pero que nos obligan a esforzarnos e intentar comprendernos. Buf, me enganche a la elucubración, debería dejarlo. Disculpa por el rollo.
Besos.

Sandra dijo...

Muchas mujeres nos ocultamos detrás de un velo para que los demás nos vean como discretas y reservadas, pero en realidad lo hacemos para no revelar nuestra propia naturaleza misteriosa. Tenemos esa necesidad de conservar ese misterio y mantenernos veladas, por así decirlo.
No creo que se trate de un asunto de complejidad enfrentado a una simplicidad del hombre, es algo diferente y más profundo. Yin y Yang.

Cuando hablás del prìncipe azul y decís que nos sentimos frustradas si las piezas nos encajan.. es así o quisiste poner "cuando las piezas no nos encajan"? Bueno, encajen o no encajen nos sentiremos frustradas igual, jee

Saludos

Curiyú dijo...

Los simples permanecen simples, los demas se complejizan..."haced como los niños", dijo el señor.
Te quiero.

Eleanor Smith # dijo...

Sos impecablemente poética y pura. Tus palabras siempre me llegan y conmueven de una manera especial y única.

Un beso o 2 !

vera eikon dijo...

Sí, Maia, yo también creo que distintos es más entretenido...Bico preto do solpor do domingo(solpor es atardecer en galego. Una de esas palabras que reivindico...)

vera eikon dijo...

Aka, no te disculpes, me gusta que la gente se quede enredada. A mí me suele pasar...Quizás no sea correcto utilizar esa contraposición simple-complejo. Evidentemente cualquiera puede agarrar el más mínimo pensamiento y tornarlo complejo. Pero las mujeres hacemos eso con casi todo. Tendemos a complejizar la realidad, a tornarla más densa, más espesa. A envolverla con más capas de las que realmente tiene(y a veces esto hace que se torne imprecisa). Y en cuanto al amor, pasamos por épocas en las que dotamos de transcendencia el más mínimo comportamiento del otro. Y creo que a veces debería ser más relevante el modo en el que nos sintamos con el otro, que ciertos comportamientos que esperamos de él, y que a veces al no encontrar la respuesta idónea nos producen frustración. Temo que las mujeres esperamos más cosas, porque pensamos más acerca de nuestro ideal. Y a veces creo que la espera puede derivar en exigencia, y la exigencia puede llegar a convertirse en tiranía. Porque en realidad creo que uno sólo debería exigirse a si mismo, y ponderar el modo en que nos hace sentir la persona que amamos(si estamos bien, si somos felices, porque enquistarnos en que esto podría ser de este o aquel modo). De todos modos, ya digo, sólo fue una ocurrencia de una mañana de domingo. Me alegra que te gustara el cuadro. Es de un artista gallego. Bico

vera eikon dijo...

Sandra, seguramente quise decir lo segundo. Y a veces me parece que esa idea del príncipe azul tiene como objetivo ese, el que nos sintamos frustradas. Y bueno, en realidad lo que designé como en términos de complejo-simple, se refería al modo de enfrentarse a la vida. Que los hombres son más directos, y la conducta femenina es más de requiebros. Del mismo modo que para llegar a un hombre el camino es más directo, y sin embargo el de una mujer es como más pantanoso. Y es curioso, porque parece que es al revés y que las mujeres estamos deseando que lleguen a nosotras, pero es que a veces siento que nos perdemos en nuestras profundidades y oscuridades. Nos pasa demasiadas veces eso de mirarnos al espejo y no encontrarnos. O levantarnos un día en la mañana y sentirnos rabiosas, con ganas de morder a el otro. O a veces nos pesa una tristeza que no sabemos de donde nos viene. Y entiendo que a los hombres también puede pasarles esto (porque aparte de el hecho de ser hombre o mujer hay demasiadas otras cosas que marcan nuestro carácter), pero creo que la mayoría son capaces de sacudírselo de encima como si fuera una mosca. Besos

vera eikon dijo...

Me pregunto si existe un camino para regresar a la niña que fui, Darío, o de "hacer como ella". De todos modos para mí el mundo siempre debió ser desdibujado(lo cual en cierto modo lo vuelve más insalvable y complejo), porque no recuerdo un momento en mi vida en el que mi visión fuera perfecta-a los seis años me pusieron gafas, y con una barbaridad de dioptrías-, y esa creo que fue una de las cosas que marcó más mi carácter de niña introvertida, que se sentía más cómoda en su propio mundo que en aquel exterior, donde las formas se perdían. O sea que ya desde niña estaba llena de dudas, de las que me defendía mi propia fantasía, la misma que ahora utilizo para enfrentarme a ellas. Quizás algún día deje de tener tantas dudas, o las dudas ya no me importen, y me sienta más cerca de la realidad, y no la vea más compleja de lo que es por si misma. A veces creo que yo misma levanto los obstáculos, o que tiendo a boicotearme. En fin...como habitualmente me hago bolas.... Le quiero y le beso.

vera eikon dijo...

Qué bella eres Eleanor!!! Y tan de verdad en todo lo que dices, y en todo lo que haces. Resulta apasionante encontrar personas con un entusiasmo tan vivo. Dices que naufragas en la oscuridad, y sólo es porque toda luz irradia de ti, y afuera todo parece más oscuro. Bico!!!!

Carmela dijo...

El cuadro es hermoso Vera.
De una forma preciosa explicas la diferente naturaleza entre hombres y mujeres, y si, creo que la imagen del sexo al aire y el sexo oculto define perfectamente al hombre y a la mujer. Somos completamente distintos y a la vez complementariso, ni mas ni menos uno que otro pero si diferentes y al igual que nuestros cuerpos son distintos tambien nuestra forma de pensar y actuar. Nuestra complejidad proviene de nuestra propia naturaleza, y me encanta!!. Me gusta ser mujer. Siempre en estos casos recuerdo la famosa navaja de Okam, y como ante varias posibilidades el hombre normalmente se decanta por la más evidente y lógica y como nosotras normalmente es la última que encaramos, pero que aburrido sería todo si ante las situaciones fueramos iguales.
Somos mar y nos movemos al igual que las mareas y eso es maravilloso.
Me encanta leerte Vera, no solo escribes estupendamente sino que eres una mujer inquieta y con miles de preguntas, me encanta.
Un beso

vera eikon dijo...

Es verdad, Carmela, esa diferencia hace más interesante el viaje hacia el otro, y mientras no nos empeñemos en que nos entiendan sin tratar de entenderles, que nos vivan sin intentar vivirles (tal como son), que se vengan a nuestro terreno sin visitar jamás el suyo, será además muy enriquecedor. Y bueno, sí que soy un torbellino de preguntas, a veces quisiera que esta cabecita parara, y otras me encanta elucubrar y llevar cualquier pensamiento hasta el límite, y si además los amigos acompañan, mejor que mejor. Bicos