Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


martes, 9 de agosto de 2011

SIEMPRE SOMOS FELICES EN LISBOA

Creo que es una versión del cuadro "O fado" de Jose Malhoa pero desconozco el autor



Siempre somos felices en Lisboa. Será porque nos pasamos el día subiendo y bajando cuestas, y sentimos que, de algún modo metafórico y misterioso, allí la vida se dibuja en la trayectoria que voluntariamente le hemos querido dar: la de una montaña rusa. Será porque degustamos el sabor enmohecido de las casas decrépitas, y que, como nosotros mismos , se caen a cachos, cuando estamos el uno junto al otro. Será porque un día de tanto besarnos se nos olvidó la hora de la sesión del planetario, con las entradas sacadas, y no nos importó. Decidimos forjarnos un nuevo universo todo poblado de besos como centellas … Será porque yo, entre sonrisas, mastico “prego no pao”, y te digo que su sabor sólo es comparable al que preparan en ese bar del “casco vello ourensán”, y que tanto nos gusta. “Y además aquí, hay mar” matizo, y entonces una de mis sonrisas se me atraganta y tengo que beberme un trago de ese vino que convulsiona fugazmente mi rostro, habitualmente sereno, y entonces caigo brevemente en la morriña. Porque un gallego puede ser feliz en cualquier lugar del mundo pero caerá inevitablemente  en la morriña. Una y otra vez, y otra vez, y otra vez….Será  porque en Lisboa asistimos al duelo de dos divas del fado venidas a menos. Tú te inventas su historia para mí. Dibujas el carácter de una de ellas por el oscuro maquillaje de sus ojos, y el brillante rouge de los labios. Su modo de cantar es incontestable, autoritario. Mira a su compañera de soslayo, y sostiene las notas con manifiesta superioridad. No sabrías decir si canta mejor. Pero lo hace con más brío, consciente de que alguna vez la adornó el fulgor de una estrella. La otra sin embargo se mueve con una timidez y grisura un tanto enervante para una mujer de su edad. En alguno de los tiempos de su vida debió ser una Eva Harrington, pero finalmente, quizás se consumió esperando su momento, quizás el momento sí llegó, y tuvo miedo. Entonces las contemplamos con la sensación de estar escuchando cantar a una mujer, y a su sombra. También en  Lisboa escuchamos el fado en la voz temblorosa y el arrastrar delicado de erres de un francés tan anciano que sus ojos parecían brillar desde ultramar a través de las arrugas. Nos gustó imaginar que el Fado es el nombre de la única mujer que amó en su vida. Que abandonó Francia por Portugal, la isla de la Cite por las colinas de Lisboa. Pero para nosotros esa música jamás volverá a sonar tan pegada al corazón como en aquel momento. Tuvimos que aprisionarnos el pecho para que no doliera. Tan abatidos de amor que ya sólo pudimos abrazarnos en aquella noche.  En Lisboa también fuimos tan osados como para desafiar a uno de los tranvías que subían al Barrio Alto, en un recorrido tan empinado que tuve que descansar con mi rostro de derrota cara a la pared. Tú te burlabas de mí, sin piedad, cosquilleándome la nuca con tus risas. Decidimos que nos iríamos a vivir, precisamente allí, al Barrio Alto. En unos pocos meses volveríamos a desafiar al tranvía, y entonces “sabría lo que era bueno”, amenazamos mientras realizaba el trayecto de vuelta. Aunque pensamos que mejor no malquistarnos con él, porque seguramente en multitud de ocasiones le haríamos compañía en su viaje, por puro placer. Nos faltaron noches para cenar en tantos restaurantes encantadores. Para tomar vinho verde en tantas típicas tabernas portuguesas. Para quejarnos entre nosotros del escandaloso comportamiento de los españoles, de esa actitud de reafirmamos en nuestro europeísmo cuando vamos a Portugal.  Nos faltó el invierno en Lisboa. Nos empapó la lluvia. Nos enamoró el otoño. Y esa familiaridad de los portugueses, siempre dispuestos a dejarte atravesar el umbral de su casa….Nos faltan tantas cosas que son invitaciones a volver a Lisboa, donde siempre somos felices. Pero sé que sobre todo volveremos, por todas esas cosas que no faltaron, y por algunas que no menciono….


14 comentarios:

EMMAGUNST dijo...

Siempre quise ir a Portugal, y sé que algún día ese lugar será por un rato mi lugar. Tal vez en una vida pasada nací allí, cómo saberlo? Debería hacer hipnosis regresiva o viajar de una buena vez por todas.

Y qué lindo que no hayan ido al observatorio por descuido de besos...! Me enamoré, de golpe...

Aka dijo...

Hermosa Lisboa como las otras ciudades portuguesas, todas tienen ese aire decrépito, de otro tiempo, que tan bien describes, que habitarlas por un tiempo es como adentrarse en un sueño envuelto en fados. Que viaje más hermoso el que has descrito, es una ciudad preciosa para enamorarse. Por momentos me ha traslado a Lisboa.

besos

vera eikon dijo...

Los gallegos somos afortunados al tener Portugal tan cerquita. Cuando conocí a E. íbamos mucho por Portugal, pues los vigueses se pasan los fines de semana en los rastrillos y mercadillos de antigüedades. Es curioso porque en su caso, llevaba muchísimos años sin ir a Coruña, sin embargo se conoce Portugal como la palma de la mano. Así que mejor Emma te vienes a Galicia, y te llevamos de tourne por Portugal. Y quien sabe, si te enamoras en Lisboa (por si acaso compramos el ticket del planetario...)Beijos

vera eikon dijo...

Sí, Aka, cualquier pueblo o ciudad portuguesa tiene mucho encanto, además de ese decrepitud que tanto nos gusta, hay mucho respeto y orgullo por su patrimonio. Me alegra que te guste mi viaje, porque uno siempre piensa que todo lo vivido es como una aventura, y nunca sabe cómo lo verán otros ojos. La verdas es que cualquier ciudad es hermosa cuando estamos enamorados...Bicos

jojoaquin dijo...

tras leer tu entrada me han entrado ganas de volver a Lisboa, una ciudad que nunca he acabado de comprender. Besos

Darío dijo...

Me dieron muchas ganas de Lisboa, muchas.

El Joven llamado Cuervo dijo...

Se me ocurre que las calles de Lisboa están llenas de una musiquita particular.

vera eikon dijo...

Jojoaquin creo que es bueno que no acabes de comprenderla con tal de que nunca dejes de sentirla...Besos

vera eikon dijo...

Pues habrás de tomarla, Darío. Así escucharás esa musiquita que inunda sus calles.....como de hojas de otoño, como de piedra engastada, como de mar recogido. Seguro que serías feliz en Lisboa.

El hombre de Alabama dijo...

Los especuladores de la bolsa también son muy felices en Portugal.
Deberían pagarte por esta magnífica publicidad. Nunca he estado allí y me siento en esas cuestas.

el maquinista ciego dijo...

Sencillamente precioso...Cómo me gusta el Portugal decrépito, pero tan digno y tan respetuoso...Como la que se sabe que fue gran dama, y aún entre basura no pierde la elegancia innata.
Qué hermoso regalo éste, el contarnos tu amor y tu fado....es curioso, ¿por qué será que todos los que vamos a Portugal allá nos enamoramos? (aquellos que ya se iban amando de casa, se quieren mejor y un poco más, y los que no, allí lo acaban haciendo, aunque dure sólo tres días -que son suficientes cuando es de verdad-.
No he estado nunca en Lisboa, pero en Porto me pidió un hombre que describiera una flor como si de su vida dependiera mi interpretación de aquélla...y enmudecí...y me dieron el mejor beso robado...gracias por recordármelo con tu relato. Saúde e saudades ;))

vera eikon dijo...

Hombre de Alabama, qué feliz sería yo si me pagaran por vivir y escribir sobre estas cosas. No te me canses en las cuestas....

vera eikon dijo...

En Gaia bebimos vino bajo la lluvia. En un precioso restaurante, que tenía una pequeña terraza pegada al puerto, con unas sombrillas encantadoras. Aun así nosotros preferimos dejar que la lluvia nos mojase, con el único cuidado de proteger el vino del agua. Seguramente mi vida dependería de que me describieses esa flor, Maquinista. Viendo la forma en la que te expresas, entiendo que el hálito de tus palabras puede ser el origen de un nuevo mundo. Y sí, Portugal enamora, y las historias de amor de los otros también enamoran. Un beso!!!

el maquinista ciego dijo...

...y tanto que enamora Portugal, igual que las historias de amor de los otros...son como las de uno, sólo que de otra manera......yo con la tuya me he quedado embobada.....
A día de hoy sigo creyendo que, sólo por el hecho de que me lo pidieran, enmudecería mil veces antes de ser capaz de describir aquella flor, pero gracias por verme capaz de semejante prodigio original... ;))
bicos!