Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


martes, 20 de septiembre de 2011

(DES)VARIACIONES SOBRE EL HOMBRE DEL SUEÑO


Imagen: Marcela Bolívar



En este Septiembre, aunque todavía soleado, la temperatura comienza a acompasarse con el otoño.  A la hora en la que el día se abre, un escalofrío recorre la espalda del mundo, y comienzo a tiritar bajo la ligera colcha. Tú, a punto de irte hacia el trabajo, vienes a despedirte con el beso de rutina. Y yo pienso que sin ese beso-tan de todos los días, tan automático, tan apenas labio-no podría vivir, al menos no contigo. Entonces trato de despejar mi cerebro, me sacudo los jirones de sueño que todavía sobrevuelan, y quiebro el silencio en el acto de pronunciar estas cinco palabras “que tengas un buen día”. Siempre las mismas. Palabras que nos colocan al uno al lado del otro, en un transitar de despedidas y reencuentros. De vernos esta noche, o quizás no. Porque disfrutamos de la compañía mutua, pero también disfrutamos de nuestro propio espacio. Y hoy, encogida bajo la colcha te he escuchado decir: ¿tienes frío? ¿quieres que vaya a por una manta? Y es tan fácil reconocerte en esas preguntas, tú, siempre tan pendiente de mí, cuando conmigo estás. Tú tan olvidado de mí en esa soledad que a veces te inventas…Te digo que no, y me finjo la fuerte. Te estás yendo, y cuando atravieses esa puerta me habrás dejado sola ante el amanecer y el frío, y no importará, porque bajo esta colcha, tan ligera, soy libre para ir en busca del Hombre del Sueño….

He llegado al bosque donde suelo esperarle. El bosque donde lo encontré por primera vez. La temperatura es fría, quizás porque estoy en la cama, desnuda bajo las sábanas, en la intemperie del amanecer. Pienso que es lógico que la hora en la que el día nace sea tan fría. Como si a él también lo hubiesen expulsado del útero, que es el tiempo. Un parto. Y se me ocurre que el orden es negrura, y la luminosidad sería un desorden, una alteración, como una grieta en la pared. Quizás, cuando nacen, los niños lloran porque por primera vez sienten la inmensa soledad del hombre. Antes todo era oscuridad y calor. Ahora todo es frío, y esa luz que ciega. El latido del corazón de la madre es una brújula. Cuando comienza a ser eco, uno se siente perdido, desgajado del todo. Pienso en una música que es latido, un poema como un enorme corazón.... En los brazos del hombre del sueño fui de nuevo uno con el todo. Fui su piel alrededor de mi cuerpo. Sus ojos ahogándose en los míos. Sus labios abriendo mi boca. El corazón desbocándose en su garganta. Mano-caricia-seno…de modo simultáneo.  Y en esa sensación desaparecieron las fronteras del ser, en un mero existir. Ambos en perfecta comunión. El cielo se estremeció sobre nuestras cabezas. Las hojas de los árboles se agitaban al ritmo frenético de nuestra sangre. El bosque no era más que una extensión de nuestros cuerpos, el aliento del uno enredándose en el otro. Y cada noche, cuando me acuesto hay una mujer en mí que corre a esperarle, a ese bosque. Aunque sé que él no ha de llegar. Porque desconoce cuál es el camino que lleva a mi  sueño. El camino que una vez supo andar. Le aguardo cantando una canción que no tiene melodía, ni sonido, destejiendo la armonía para que se parezca en lo posible al corazón de la madre. Los pétalos de una margarita se ahogan en un río. Lloro por las flores que mueren. Sonrío por las flores que nacen….

18 comentarios:

El hombre de Alabama dijo...

Envidio sueños tan nítidos.
Yo no conozco a nadie ahí dentro.

El Joven llamado Cuervo dijo...

Yo también envidio a los que sueñan tan claramente. Mis sueños no tienen patas ni cabeza.

"Si los sueños atónitos pudiesen
buscarse unos a otros, si se viesen...para seguir tu sueño tan fraterno
sin asombro yo iría hasta el infierno;
cruzaría las cárceles oscuras
de Piranesi o Kafka, las torturas
con certeza de sombra, con paciencia,
y en deslumbrados tiempos de clemencia,
como Polícrates no arrojaría
mi anillo -toda dicha guardaría
en inmóvil postura de diseño,
para llevar mi sueño hasta tu sueño." (A una persona dormida - Silvina Ocampo)

Anónimo dijo...

Estoy en ese bosque y es terrible la sensacion ....gracias por d-escribir tan hermosamente cruel esto que hago mio, al menos por hoy lo tomo prestado, un abrazo.

Vera Eikon dijo...

Hay gente que incluso tiene una vida paralela en el sueño(o más bien una intersección, Alabama). Yo los conozco...

Vera Eikon dijo...

Hermoso poema, Darío. Gracias...

Vera Eikon dijo...

Gracias a ti, anónimo, por hacerlo tuyo. Un abrazo

Anónimo dijo...

Perdón Vera, tu relato me mató y hasta olvide mi nombre, otro abrazo y gracias de nuevo!
Virginia

Aka dijo...

Algunos sueños pasan a conformar memoria, hasta el punto incluso a veces recuerdos de realidades y sueños se confunden y se llegan a vivir esas vidas paralelas que comentas. Repetir sueños, o extender un sueño noche tras noche es una sensación bien curiosa cuando pasa, y realmente uno tiene la impresión de estar llevando dos vidas a la vez, lo cual no está mal!
No está de más tener ese rincón de bosque al que acudir en sueños por si algún día se vuelven a cruzar los sueños.
Besos

Nina dijo...

Me pasa como Alabama.

¡Excelente texto Vera!

Besote enorme.

Eleanor Smith # dijo...

¿Sabes que en otras épocas solía arreglar con alguien que estaba lejos el encontrarnos en un bosque mientras soñábamos?
Allí desaparecían las distancias. Allí él me esperaba. Allí iba yo a su encuentro.

Gracias Vera por traerme a la mente aquellas bonita y felices épocas pasadas *

Un beso o 2 #

Vera Eikon dijo...

Me alegra que al final dejes tu nombre aquí, Virginia. Un abrazo

Vera Eikon dijo...

Una vez durante un sueño fui capaz de vivir varias vidas, como si fuese un personaje de Isak Dinesen. Por ejemplo, mi pareja(Edu) recuerda los sueños con inmensa precisión. Hace poco escribí aquí el sueño de la gran ola que arrasaba la casa del acantilado(que fue un sueño que tuvo él). Pero hubo uno sobre todo, relacionado con una viña, del que se levantó entusiasmado. Y él es un magnífico contador de historias. Entusiasta y con un gran sentido del humor. Muchas de sus historias tienen que ver con los sueños....Y bueno, siempre conservaré ese lugar en el bosque. No pierdo la esperanza d que de nuevo se produzca la conjunción. Bico, Aka

Vera Eikon dijo...

Gracias, Nina. Un beso enorme

Vera Eikon dijo...

Es muy hermoso eso que dices, Eleanor. A lo mejor sí que alguna vez os encontrásteis, pero no lo recordáis. Me alegra haber traído hasta tu mente un recuerdo positivo. Biquiños

jojoaquin dijo...

combinas muy bien lo conceptual con lo emocional. Besos

ana dijo...

...me conmueve tu precioso texto,parece que tuvieras el prodigio de meterte en mi corazón y hurgarlo con tus palabras. Hay una tensión que se desborda entre el hombre de la cotidianidad, "ese beso tan necesario" y el hombre del bosque. sabes lo que es tener la dicha cotidiana (¡qué envidia!) de estar bajo la sábanas con el hombre amado y a la vez ese retraerse al hombre que vuelve del alma cada noche desde nuestra oscuridad. cada lado sabe del otro, cuánta necesidad de lo cotidiano, de la piel, de las mantas, cuando no se tienen, esos pequeños gestos adquieren dimensiones atroces, y cuánta necesidad, por otro lado, de ese bosque nocturno, de hallar al hombre ahí, mientras el aquí espera
apertas que destejan la armonía

anamaría

Vera Eikon dijo...

Gracias, Jojoaquin. Un abrazo

Vera Eikon dijo...

Oh! Qué hermoso comentario Ana María. La verdad es que el ensueño es siempre necesario en nuestra vida. Y sin subestimar la presencia cotidiana del otro en ella, es inevitable que esa cercanía termine por clarificar tanto los rasgos y contornos del otro, resultando que, en cierto modo, perdemos esa capacidad anterior de soñarlo, y que es la base del enamoramiento. De ahí que la presencia del hombre del sueño es una apertura, un lugar en el que olvidar el peso del cuerpo y de los días, unos día inesperado de fiesta, el más querido tesoro. Bicos