Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


jueves, 9 de febrero de 2012

PASEO(CON DIVAGACIONES) A TRAVÉS DE LA OBRA DE LARA PINTOS

Uno de los "Autorretratos (comiendo casas)" de LARA PINTOS








Fue Susana-intuyo que en connivencia con El Maquinista Ciego, La Revisora, y el siempre soñador Muchacho-la que me condujo, como entre nieblas, hacia Lara Pintos. Enseguida le agradecí su sugerencia de echarle un vistazo a la obra de esta artista-amiga suya-basándose en su intuición de que sus cuadros podrían sentirse en buena compañía junto a mis letras. Y yo, como siempre escucho a mis espaldas las pisadas del tedio en relación a lo que escribo-con la conciencia de que casi todo lo que me gusta, proviene de un estímulo exterior-, me dirigí con alegría a su web, para un primer paseo entre sus ilustraciones. Desde la primera incursión la obra de Lara me pareció sutil, delicada y femenina. E intuí que sólo de este modo podría adentrarme en ella. “Así que nada de aspavientos, ni contundencias”-me dije.  Aquí sólo caben las palabras-regazo, porque quizás así son sus cuadros. Cuadros-regazo, donde una aquieta la mirada, con el mismo olvido de si misma que a veces posee el mar. Entonces dejé al lado mis olas, mis tormentas, y comencé a escribir. Y fue cuando me surgió la duda: ¿y si mi visión de la obra de Lara, se aleja de lo que ella desea transmitir? ¿escribir algo sobre ella sin conocer su propia visión no sería de algún modo apropiársela de forma ilegítima, contaminarla? Toda obra se universaliza en su exhibición o publicación. Sin embargo la relación entre el autor y su obra, a la fuerza, ha de ser íntima. Tengo muy claro que respeto esa relación, por lo que hablé con Susana, para que me pusiera en contacto con Lara, y así me hiciera llegar su percepción de la misma. Y una vez intercambiamos un par de e-mails, lo que yo misma había escrito se clarificó ante mí-a veces ocurre que mis propias palabras se me presentan oscuras, como si sus motivaciones fueran en parte subconscientes-. Con unos cuantos retoques, lo que ya había escrito adquirió una dimensión más próxima a lo que Lara me había transmitido. Le envié un par de poemas por los que se manifestó contenta. Algo que no quiero dejar de agradecerle desde aquí. Es muy satisfactorio asistir a una reacción positiva tan natural por lo que una escribe. Y he descubierto que es realmente estimulante sumergirse en la obra de otra persona.
Lara da en sus pinturas protagonismo a los objetos. Muchos de ellos se enmarcan en el ámbito doméstico, quizás porque es en este ámbito donde los objetos se contaminan en mayor medida del espíritu de las personas. ¿Cuánto de ellas queda en su entorno cotidiano?-me planteé al ver la obra de Lara. Ella dota al objeto de un lenguaje que nos conduce hasta las personas, pero que tampoco se aleja del objeto, sino que nos lo acerca en un nuevo contexto. Alterar el orden de las cosas para dotarlas de un nuevo orden, que invita al arrimo, es la base del juego. Y jugando se revela el poso del ser en el objeto. Esto es lo que yo pensé al escarbar en la serie “Recuerdos de una silla”, a la que fueron destinados mis dos primeros poemas.
Sin embargo a lo que no paro de darle vueltas es a las “mujeres-casa” de Lara. Al pensar en ellas he recordado aquello de que en los tiempos de las cavernas los clanes nómadas, a pesar de vivir trasladándose de una cueva a otra, siempre encendían el fuego con las mismas piedras, y eran mujeres las encargadas de transportar ,entre las distintas cuevas, esas piedras que constituían el “hogar”. ¿Cuáles son los motivos de tan temprana identificación de la mujer con el hogar? ¿Por qué este ha sido su territorio desde tiempos remotos? Pienso entonces que el cuerpo de la mujer está ya fisiológicamente construido para ser por si mismo una “casa”. Aunque, claro está, que esa capacidad de la mujer de constituirse en cobijo y hogar-capacidad que es capaz de contagiar a su entorno, con el que acaba por conformar un todo- no se puede simplificar a motivaciones naturales, y tampoco pretendo entrar ahora en los condicionantes históricos y culturales…. Lo único que quiero destacar es que esto es retratado a la perfección por las mujeres-casa de Lara.  Mujeres, como nosotras, en que el hogar y "lo femenino" han sido-y son- dos condicionantes fundamentales. Así sea porque lo acepten y abracen, o porque renieguen de él. En sus imágenes veo representada esa contradicción tan arraigada en las mujeres. Por un lado la casa como eje del cuerpo, y por otro esas piernas que se estiran y parecen ansiar expandirse. Lo mismo ocurre con sus tazas-un elemento que también se circunscribe en el entorno de lo femenino- en las que otra vez sobresalen las largas e inquietas piernas, y el líquido que se derrama, como si ese fuese un acto de rebeldía a través del que alcanzar la libertad. Renegar de” lo femenino”, es estar, en cierto modo, supeditada a ello. Nuestra libertad no está en “masculinizarnos”. Se trataría más bien de aceptar que “lo femenino” es un elemento más que nos constituye, pero sin llegar a reducirnos, ni permitir que nos reduzcan a ello. He pensado entonces que las mujeres siempre han sido como pájaros viviendo sus vidas en una jaula, que en muchos casos han acabado por reducirse a ésta. La mayoría inconscientes de que se las impedía volar. Por otro lado, y a pesar de esto, las mujeres siempre  han sabido deleitarse como nadie con la tibieza del sol a través de una ventana, y desde detrás del cristal han entonado sus cánticos de amor a la vida. E incluso muchas de ellas han sido capaces, a lo largo del tiempo, de hacer suyos los versos de Alejandra Pizarnik, aquellos que dicen: “la jaula se ha vuelto pájaro/y se ha volado”. Porque en este caso jaula y pájaro son una misma cosa. Por lo que de la jaula no se puede escapar, pero, quizás, si no le ponemos límites a nuestras alas, conseguiremos finalmente sacarlas a través de los barrotes y alzar el vuelo. Puede que sí, que  esté en nuestras manos elegir entre quedarse en jaula, o volar para engrosar la tribu de las mujeres-pájaro.

Estas son algunas de las cosas que he estado pensando mientras paseaba por la obra de Lara Pintos…



Os dejo aquí también el enlace a su blog donde aparecen los poemas que escribí acompañando a sus cuadros:

http://www.larapintos.com/la-geisha-de-vera/


http://www.larapintos.com/poemas-de-vera-eikon/

3 comentarios:

c c Rider dijo...

El hombre que entra orgulloso en su casa con la “señora” “dedicada” “i-lustrada” se satisface casi en igualdad primitiva aquello que es consecuencia. Aunque es probable que tanto la piel que nos viste y el disfraz tranquilizador, dardo de una sociedad abocada al fingimiento son meras disciplinas para ocupar la ausencia.

He ojeado vuestra colaboración y me parece una combinación que altera el discurso conocido y remueve algunos cimientos con tus palabras añadidas. Deberé detenerme con más tranquilidad en los dibujos de Lara, me parecen fantásticos, su proceder poético, lúdico exige aquietarse, dejarse juzgar por el objeto.

Un abrazo Vera.

Halcón peregrino dijo...

El texto es hermoso, siento como si se va deshilando hasta llegar a una menuda reflexión que sacude.

abrazo.

el maquinista ciego dijo...

Vera, aunque como bien te dije no soy más que un mero conector, un pequeño intermitente que pulsó la intuición para que os diese un ligero soplido-empujón que os acercase, para que os susurrase al oído 'conozco otra mujer-pájaro con la que tus alas se entenderán bien', aunque no soy más que eso, agradezco infinito que escuchases mi canto de sirenas y fueses hacia Lara. Me encanta su obra y me encanta lo que has hecho tú para completarla, ramificarla, nutrirla, pero sobre todo me gusta lo que sé que está por venir (es por cosas como ésta que a la suerte se le dice 'porvenir', confía en mí una vez más ;)) Y es que está aquí el germen de algo más grande y bello todavía...

En cuanto a la reflexión que haces de la obra de Lara, decirte que nunca dejáis de maravillarme aquellos que sois capaces de adentraros de esa forma en el corazón de una obra y contarnos a los ciegos un poco de su esencia. Y todo sin caer jamás en la fría disección.

La relación con lo femenino, conmigo, con 'ellas', con 'nosotras', con las que han sido, las que son y las que serán, con todas y cada una de las mujeres del mundo y su manera de construirlo o dejar que las construya, es algo que me persigue desde siempre (a qué 'ella' no? ;)) y que me dado más de un quebradero de cabeza. Y a pesar de no tener claras muchas cosas todavía (¿qué ser humano se ve a sí mismo claramente?..) sí he aligerado el peso de los siglos y los cuentos y los zumbidos, y cada vez me encuentro más a gusto en mi yo-casa, porque, reconozco, sí siento que soy un hogar en mí misma, y que es parte de mi condición femenina el que así sea. Y no hablo de 'vientres fecundos' ni tampoco de barrotes, sino de, como bien recordabas, Vera, jaulas que se vuelven pájaro y se vuelan.

Un bico enorme, hermosa mujer-pájaro de potente batir de alas.

(Hoy sí, le firma Susana ;))