Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


lunes, 13 de agosto de 2012

DE POR QUÉ CREO QUE NUNCA ES SUFICIENTE O LA PARADOJA DE LA CARICIA




El otro día ante un poema de Nido de Serpientes, Emma Gunst planteó la pregunta de por qué no era suficiente, cosa que mi mente asoció a algo que venía pensando durante estos últimos días de un verano que está siendo proclive en nieblas. Supongo que mi pensamiento poco tiene que ver con lo que quería decir Darío, pero es así cómo lo desvirtuó mi mente. Os dejo aquí el enlace del poema para que cada uno juzgue 5/100. Por cierto, si esto resulta incoherente, desmañado y contradictorio es porque así es cuando se da libertad al pensamiento, y una trata de explicar algo que ciertamente se le escapa, sin la intención de demostrar nada...




El día se despierta al abrazo de una tupida y delicada niebla. Todo es blanco. Árboles habitados por miríadas de pájaros cuyo plumaje es luz y transparencia. El aire se debate en resolver la ecuación de un ensueño. El cielo se manifiesta a ras de océano y casi no puedo distinguirlos. Desde la lejanía diría que son la misma piel. Apenas una línea se dibuja entre ellos, tan tenue como la caricia entre amantes. Pienso entonces en la paradoja residual a cada caricia, que en el mismo gesto que acerca, distancia. Te toco, y es la constatación de lo inabarcable, lo impenetrable. Mi caricia es salvaje y omnívora, se alimenta de todo lo que encuentra a su paso, sea vello, sudor, o pensamiento, pero la otredad le está vedada. A lo más que podemos aspirar es a conjugarnos en presente.  Por eso mi mano se desliza vestida de utopía cuando aspira a la ubicuidad del dios en el otro, y puede que también a su omnisciencia. En ocasiones viene a mí el recuerdo del hombre del sueño. Entonces vuelvo a concebir el mundo a través de aquel abrazo, lo atestiguo desde la turbina de sus ojos, y siento en mi pecho el retumbar de dos corazones.Nuestros costados atravesados por el temblor de las ramas de los árboles- y a la vez las mismas ramas perímetro del abrazo-, los pulmones acompasándose a la respiración de la hoja. Porosos, desnudos de la hermeticidad de la piel. Nunca antes había sentido de ese modo la savia del mundo recorriendo mis venas, hasta las raíces del ser, y a su paso iba aniquilando todo odio, proclamando que es en el amor donde reside la armonía-¿o será al revés y es en la armonía dónde reside el amor?-. ¿Acaso no lo ves? ¿No ves cómo la naturaleza jamás calla? Una caja de música a la que el amor da cuerda.  Me va ganando la idea de que el silencio es sólo un concepto que hallará su concreción definitiva en la muerte, pero el oído humano es tan incapaz a la escucha, que en cierto modo la anticipamos. Sin embargo cada ser vivo es música, como también lo son el viento, o la misma lluvia. Y si reflexiono, quizás eso fue lo que sucedió y en el sueño el mundo se orquestó a través de nosotros. Claro que ese “a través de” es absolutamente incompleto, y apenas soslaya. El caso es que he de reconocer que durante mucho tiempo la comunión del sueño se convirtió en la obsesión de mi caricia, en la fijación obstinada del beso. Porque aquello fue el enunciado de un problema que hasta ese momento sólo se había planteado a través del balbuceo, y que de pronto tuve la necesidad de resolver. Piel con piel buscaba la respuesta, y cuando eso no era posible construía puentes de palabras. Cientos fueron los que tendí hacia el hombre del sueño. Muchos de ellos ni siquiera llegaron alguna vez hasta su orilla. Están guardados en algún bolsillo de mi alma, o en la memoria de mi portátil. Puse tanto empeño en trazar aquellos puentes que obvié que él a cambio me tendía su mano. O quizás me pareció que una mano no era suficiente, porque una mano al fin y al cabo es sólo piel, sangre, gesto o sudor, pero no una respuesta..¿No??? Probablemente una mano no es una respuesta para aquel que se hace las preguntas de manera equivocada. Aquella mano no fue una respuesta para mí, y la mordí. Porque me obstiné precisamente en eso, en que una caricia no es suficiente, pues-tal y cómo escribí antes- acerca a la vez que distancia. No, no es suficiente, porque jamás permaneceremos en el otro-del mismo modo en el que nunca permaneceremos en la flor cuyo aroma nos traspasa, o en el reflejo de un espejo-,  pero probablemente-y esto tiene más de constatación que de resignación- se trate de lo más “en el otro” que podamos estar. Tal y como ahora estoy en ese cielo bajo, conjugándonos con el océano en la voz de la niebla. La voz de la niebla que tiene la misma cadencia de abrazo que algunos sueños…

8 comentarios:

Darío dijo...

El más impresionante delirio de los últimos tiempos. Pero creo que entre puentes y manos está lo suficiente de lo insuficiente...
Un abrazo un beso.

el maquinista ciego dijo...

Así como "la distancia se alimenta de sus propios depredadores", siendo aquellos que huyen a los que más ávidamente persigue y da caza, resultándole más apetitosos que ningún otro ser a cualquier orilla del sueño, resulta que la distancia suele alejarse de los que quieren desentrañar su misterio, los que pretenden acercarse a ella para atraparla con sus dedos y triturarla, deshacerla, y así conseguir alcanzar plenamente aquello de lo que desean formar parte, ya esté hecho de piel, niebla u horizonte... Se nos escapa la distancia si queremos acortarla, nos devora si pretendemos alargarla y huir....

Seguí tu estela y dejé que vagase el tren. Lo único que tengo claro es que, una vez más, me quedo maravillada con tu escritura. Me hipnotizas como el dedo de Julio al gato. O quizás sea su sonrisa... ;))

Un bicachassso, linda!!

Vera Eikon dijo...

Yo casi siempre lo creo así, Darío. Pero otras veces me obceco en la insuficiencia, y, bueno, tú ya sabes....

Vera Eikon dijo...

Porque quizás, Susana, es el camino natural el más directo hacia el otro. Pero cuando nos empeñamos, y queremos adquirir la cualidad del dios a través del otro-¿es posible que nos empeñemos en alcanzar la trascendencia por mediación del amor, o en su defecto alguna certeza en esta vida?-, acabamos atrapados en medio de sofisticados laberintos. Quizás el otro sea un horizonte inalcanzable e irresoluble, pero aun así no tenemos por qué renunciar en observarlos, deleitarnos con su belleza, y alguna vez correr hacia él. Y quizás algún día podamos dar ese camino por bueno, y hallar en cada paso el goce, la recompensa...Gracias por leer, querida. A mí me encanta de vez en cuando ser yo el tren o en su defecto la estela de humo...Moreas de bicos!!

c c Rider dijo...

valiente juego de manos, delirio que desvela la cadencia de la impasibilidad. no puedo añadir más que una caricia al texto, sin renuncia, sin silencio y sin memoria. Ayer visité el museo de las ciencias, después de un año viviendo en Coruña, la hora no importa. El espectáculo más llamativo diría después de todos los juguetes ilustrativos sobre física y demás ciencias es, casi una hora de recreación del universo sobre una cúpula. Explicada según el día correspondiente claro está, dejaría ver. Los mitos, los sueños por descubrir nuevas constelaciones y no perder de vista aquella, atrapadas en un nombre, se suceden mientras la astróloga intercala preguntas a los presentes, que permanecen a oscuras asombrados por la recreación del universo. ¿Qué querré decir con esta perorata? sencillamente que el hombre se expone como buscador de creación, y crea, pero la parte que corresponde a la de sentir lo que crea es muy pequeña, está condicionada, no creo que ninguno de los visitantes haga el intento de quedarse una noche en vela para observar, estos días, la lluvia de las perseidas. Vivificar significa renovar, y las civilizaciones como los hombres, han aprendido que son perecederos, lo que habría que preguntarse es si estamos preparados para cambiar la partitura del mundo, o si estamos preparados para sentir una ensoñación tan hermosa como la que nos ofreces. tal vez la suficiencia está ahí

en las palabras y en su música

Saludos, a ver si nos vemos pronto

Vera Eikon dijo...

Creo que primero será prepararse para sentir, sea la belleza, sea ese mundo que se agita alrededor. Si no sentimos en vano es todo intento de cambio. El problema del hombre es que transforma el mundo según su propio anhelo, y sobre todo movido por un deseo de dominación. Del mismo modo la sociedad exige al hombre, y el hombre deja de escucharse. Leí tu comentario en la entrada de Emma, la que se titulaba Por qué no soy budista, y pienso en que el deseo en si mismo no es negativo, pero también me planteo cuántos de nuestros deseos son legítimos y nuestros. ¿Acaso esta sociedad no está conbecida para crearnos deseos, necesidades y en base a ellos ejerce su poder sobre nosotros? Una cosa es el deseo de poseer y otra el deseo de vivir, pero a veces el primero se interpone en el segundo. Y a veces cuanto más tenemos menos libres para vivir somos....Y bueno, no sé muy bien por qué vine por aquí, quizás porque me imagino que cada día nos iremos distanciando más y más del mundo a favor de la posesión. Porque esa gente que se ensimisma mirando un sucedáneo de cielo en vez de mirar al cielo auténtico y único, puede ser la metáfora y el presagio de demasiadas cosas...Pues sí, a ver si nos vemos. Besos!

Garriga dijo...

dos cosas:
me alegro de haberte encontrado

dos

hay una teoria fisica que dice que la materia es como la musica, a distintas densidades, distinta frecuencia vibratoria. El universo, un sonido. Los budistas tambien lo plantean en esos terminos. Es todo muy complicado para mi pobre, calva, cabecita. adios vera-

Sarco Lange dijo...

Es una caricia. Y en el fondo, sin que lo veamos, un arcoíris.

Y un beso.