Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


viernes, 24 de agosto de 2012

FANTASÍA CON MANO






Tomé tu mano, pajarillo agónico. Todavía caliente, me pareció sentir a través de su plumaje un último latido del corazón, tesoro que desenterró la muerte y se llevó en su regazo. Pensé que quizás allí, donde la muerte habita, reúna la más completa colección de últimos latidos, o postreros alientos.  Tal vez, a una orden, cual director de orquesta los haga música. Ejecutarán entonces una melodía sincopada y pretérita. "El último aliento ¿será nuestro desesperado intento de aferrarnos a la vida, de succionarla, o por el contrario será una bienvenida a la muerte?" Qué diferente del berrido con el que nacemos. En ocasiones me imagino a la vida asustándose y huyendo al escucharnos. Pero cada vez estoy más convencida de que la vida no es amiga del silencio. La muerte sí. Porque el silencio es la partida que la muerte siempre gana.

Contemplé tu mano como la derrota y el cadáver de un ave. Quise hacer para ella con las mías un túmulo, tierra bajo la que reposaría la memoria del gesto, el espectro de la caricia. Yo depositando sobre ella besos como ramos de flores, mi lágrima el rocío adhiriéndose a sus pétalos abiertos al amanecer. Escribiría dolientes elegías a tu mano, y alguna oda también. Las aventuras que junto a tu mano viví en la Florencia en la que nunca estuvimos, o cuando paseamos juntos por las laderas del sueño. Y le hablaría sobre ellas. Le diría “¿recuerdas cuando…?”. Y tu mano nada podría negar, porque ya no tendría voz sino en el eco. Sí, podría hacer todo esto y sentir como tu mano se va adelgazando bajo las mías, desvistiéndose de su carne, hasta que de ella sólo quedara el esqueleto. Me la imagino, como la hoja que se va despojando del limbo, restarse hasta la nervadura, escueta telaraña atestiguando aquello que fue tu mano. “No sé si te conté pero a mí las manos siempre me han parecido hojas de otoño, por eso me gusta alzarlas hacia el sol, y contemplarlas atravesadas de roja luz”.  Y por último, un día sobrevendría esa intuición de que de tu mano ya sólo quedarían cenizas.

Podría hacer esto que digo, pero en cambio prefiero soplar sobre tu mano mientras todavía está caliente. Soplo que conjugue viento bajo sus alas. Que restaure latido al corazón, y torne el estertor en impulso. Desanclar tu mano de la mía para que vuele libre y temblorosa de vida a hilvanarse con la línea del horizonte. Y cuando ella lo desee permitirle regresar a posarse sobre mi mano, y que ésta, simple, sea para ella o rama, o nido.

13 comentarios:

(* dijo...

"Esperanza" es algo con plumas / que se posa en el alma / y canta una melodía sin palabras / y nunca se detiene -totalmente- // más dulce -en el vendaval- se oye..."
Lo dice Emily Dickinson. Pienso que sería muy hermoso que pudiéramos decirlo todos, como ella, o como tú.
Un abrazo.

Vera Eikon dijo...

Qué hermoso, Alba. Siempre tienes a mano el verso dulce, aquel que soslaya lo aparentemente insoslayable, y sino te lo inventas. Apertiña y feliz fin de semana...

Darío dijo...

Hermoso. Comunión, las manos pueden entenderse. La yema y las líneas portan la sensibilidad. Después, tienen una memoria de hierro...
Abrazo.

Vera Eikon dijo...

Ay, ay, ay...eso que dices, Darío, enlaza tanto con algo que vengo pensando. Esa memoria de hierro..uf...Beso

Axis dijo...

Me conmovió absolutamente querida Vera, y cuando relatás sobre donde la muerte habita... ufff, me pareció maravilloso y triste a la vez.

Hagamos nido, sí.
Cuando tomemos nuestras manos...

Bicos.

c c Rider dijo...

a veces cuando propulsamos una deriva sin tensión antagónica, la propulsa, o repulsa, o episodio doméstico convertido en clímax, se acumula la ceniza, es como si abriéramos la mano y no lo suficiente como para sentir la incandescente estela de las huellas abriéndose paso. Pero a veces sucede lo contrario, cuando decimos un “preferiría no hacerlo” y la escritura parte el olvido transfigurando el texto en alimento para lo que podría ser el escenario de un sueño, en vela. Tu texto me sabe un poco a esto que intento decir, y sabe a poco, como si fuera el preludio de un gran poema.

Abrazos irmanciña.

Vera Eikon dijo...

Me encanta conmoverte(positivamente eh?)Y sí, hacer ese nido al que la mano vuelva, o ser para la otra un lugar señalado por la palabra hogar. Es hermoso tener personas a las que regresar...Besos, querida!!

Vera Eikon dijo...

No sé, supongo que hay textos que son como hilos que están enredados a otros hilos. Y basta que se tire de uno de ellos, para que surja la madeja. Supongo que de cuanto escribo en este tipo de textos es donde más a gusto me encuentro, y en ellos me doy la mayor de las libertades. Una parte de una palabra o una imagen y se deja ir, se da aire un poco como se dice en el texto. Porque es un soplo el que provoca que el fuego que somos arda...Bicos fraternales, entonces..

c c Rider dijo...

hay hilos itinerantes, trashumantes, desaparecen y se enredan sin ser vistos y ahí sucedemos con un nuevo discurso donde el silencio tenía un hueco, al aire o al latido que arribaba del alma o boca airosa “como ramos de flores” y todo tiene un fin hasta que decidimos recordar, para adornar el muñón en el país de la sonrisa. No sé querida, a veces el silencio extiende sus sombras hasta apagar el ímpetu. El acto reflejo no entiende de la mirada, de aquello visible, o infrascripto, conviene más al pájaro en su espacio sin título la libertad que a nosotros se nos ciega.

Sarco Lange dijo...

Que no me abofeteen manos sino tu corazón hecho de ramas florecidas.

Y después, si te falta pólvora en tus dedos, hazme la señal de la cruz sobre mis párpados. Te lo sabré agradecer, Vera querida.

Un beso.

Gavrí Akhenazi dijo...

Buen material en todo el blog. Fue interesante leer lo que exponés.

Incitatus dijo...

Y anidaré en ti y de nuestro calor y nuestras manos, florecerá un sentido nuevo.

Saludos.

María dijo...

Cálida mano en su último suspiro, emprende su vuelo hacia la libertad.
Hermoso Vera.
Un beso