Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


jueves, 16 de mayo de 2013

INTERIORES



El niño es polizón del sueño.
En la noche sale de su escondite
y escudriña el cielo buscando
la constelación que desvele el secreto del mar.
Desenfundar la sábana de agua
y desposeer al miedo.
La urgencia de un corazón que bate sus alas de colibrí.

El niño descuartiza palabras
y descubre que en ellas
sólo late el silencio chorreando sangre.

Al quebrarse la pintura nieva sobre el parquet,
lo hace en pequeñas lascas
y no en estrellas de las que se dice no hay dos iguales.
El ladrillo es consistente y grita cuando horadan su carne,
aunque intente amordazarlo con su mano libre.
El padre se lo lleva a rastras, tironeándole del brazo,
y encierra sus herramientas bajo llave.
El niño llora inconsolable porque no puede socorrer
al león que ruge en la tubería,
y teme que acabe por morir de hambre y sed.

En días sucesivos ausculta pacientemente
con la oreja pegada a la pared.
Sólo puede distinguir su respiración acompasada.
El león permanece dormido.


Cada tarde al regresar de la escuela
consigue que la abuela se pare frente a la obra.
Le gusta ver los esqueletos,
su evolución,
cómo lentamente se recubren las rótulas de carne.
Cuando las cuencas, hoy vacías, de los innumerables ojos
comiencen a reflejar las nubes,
el edificio estará vivo.
Por encima de todo lo hipnotiza la marcha lenta
de las hormigoneras amarillas,
las enormes grúas que como viejos saurios
elevan sus cabezas sobre la ciudad.


Canta la beatitud del rayo de sol
el canario en su jaula.
Mientras su abuela pone la mesa en el comedor,
el niño, a hurtadillas, abre la cancilla.
Ha decidido liberarlo,
observar su vuelo a través de la ventana,
pero el enjambre de plumas revolviéndose en sus manos
lo detiene,
y con el gesto inclemente del dios
toma un lápiz que remolonea sobre el cuaderno
de su hermano,
y le traza un silencio en el pentagrama del pecho.
El aire vibra con la distensión
de la cuerda de una guitarra al romperse.
El grito de su abuela le acuchilla los párpados.

En su puño sólo late el silencio chorreando sangre.

31 comentarios:

miss desastres dijo...

y con el gesto inclemente del dios
toma un lápiz que remolonea sobre el cuaderno
de su hermano,
y le traza un silencio en el pentagrama del pecho.

Vera....de verdad, eres increíble, qué suerte leerte.

besos

María Sotomayor dijo...

Desconfiar del animal que se rinde a su naturaleza, la de seguir vivo a pesar de.

Besos Vera.

Darío dijo...

Creo ver en ese niño un salvaje latiendo en el pecho. Y se escribe con la sangre. Un abrazo.

çç dijo...

has descubierto algo, un niño en tu interior
hermosa invención vera

abrazos

Vera Eikon dijo...

Muchas gracias, Miss. Besos!

Vera Eikon dijo...

Sí, la supervivencia, el instinto que prevalece sobre todos, María. Besos.

Vera Eikon dijo...

Entonces ese salvaje es a su vez un poeta. Porque el poema siempre se escribe con sangre...Abrazo, Darío.

Vera Eikon dijo...

Precisamente, hermanito, esto no es invención, sino mi propia versión de una historia. Xavi, el sobrino de Edu, cuando tenía 2 años atravesó con un lapiz al canario de su abuela. Y el martes, hablando con Edu, le comenté que tenía que escribir un poema sobre ello.La verdad es que cada escena tiene un poco de ciertas características suyas, un poco desvirtuadas por Vera, eso sí...jiji...Ay....cuándo venís por aquí???? Bicos

costa sin mar dijo...

enjambre de plumas!!!!!!

Maria Germaná Matta dijo...

Precioso Vera, un niño descubriendo mundos.
Besos

Leo Mercado dijo...

Es increible la ductilidad de tu poesía. Un texto corto es igualmente estremecedor que un texto largo (la economía de palabras pero no es lo mismo que la economía de contenido).
Simpre dudo de la poesía extensa. Creo que en la mayoría de los casos cada escena se diluye y pierde fuerza en una multiplicidad de significantes o de historias en las que se desfasa. No es tu caso, claro.
Festejo soprenderme felizmente aquí, en tus palabras.

Garriga dijo...

silencio que chorrea sangre. Difícil. Salvo que seamos sordos

Sarco Lange dijo...

Me daña ver al niño muerto, a ese nonato que lucha con la fauna, me daña hasta la médula del tiempo, niño muerto, pluma de cristal, niño entumecido, niño flor.

Beso.

Sandra Garrido dijo...

Le cambiaste el título ¿cierto? o yo ayer me figure infancia en vez de interiores.
Interiores como los mundos, además de los niños que viven en ese mundo tan diferente al nuestro. Tan fantastico. Yo que tengo dos hijos he visto pasar por sus etapas y es curioso como pasan del mundo fantasia al real. De hecho mi mayor esta en esa etapa, tiene 11 y no quiere hacerse mayor, hace poco que supo la realidad de los reyes magos, ratoncito perez y todos sus iguales.
A saber que estaba pensando esa criatura cuando clavó su lápiz, aunque con dos años, seguramente todo menos en la muerte.
Me a gustado la parte del león en las tuberias, ahí veo ese mundo paralelo , fantasía, los saurios. Muy bueno.

Un abrazo

Axis dijo...

"En su puño sólo late el silencio chorreando sangre"

Estoy colmada de imágenes querida, y algo impresionada de cada una de ellas.

:)

bicos hermosa, como siempre,
entusiasmada de leerte!

Stalker dijo...

he seguido la evolución del poema, su ritmo interno, el asombro y el miedo, y quedo dulcemente, percutido, re-percutido, alegre y vacío ante toda esta aventura, la mirada niña y loba, el león, lo inconsolable...

una filigrana, una flor de pétalos innumerables

abrazos!

David Mariné dijo...

gracias Vera, solo eso, gracias.
un abrazo gordote.

silvia zappia dijo...

tu poema tiene una evolución, una cadencia, una tensión que terminan en látigo, como decía octavio paz que todo buen poema debe tener.

me produjo una emoción profunda,has trazado un silencio en el pentagrama de mi pecho....qué imagen, vera, qué maravilla!!!!


un beso*

Jorge J. Molina dijo...

Todos somos el niño que se escabulle a hurtadillas...
Tremendo poema

Vera Eikon dijo...

costa sin mar, no tengo claro qué significa esa exclamación...gracias por pasar.

Vera Eikon dijo...

Sí, María. Una cosa que deberíamos recuperar de la infancia es esa curiosidad, la necesidad de descubrir cada día el mundo....Disfruta de ese tiempo en tu país. Un abrazo.

Vera Eikon dijo...

Gracias, Leo. A mí también me pasa algo parecido con la poesía extensa. Mantener el pulso en un poema largo me parece complicadísimo. Así como escribir eso breve, certero y que conmueve, siento que está al alcance de unos pocos. Quizás estas últimas semanas estoy por no ponerme límites y ver qué sucede....Abrazo.

Vera Eikon dijo...

No sé, Garriga. Quizás últimamente estoy dándole demasiadas vueltas a la idea de que la voz es un tajo en el silencio, y la palabra es la sangre que mana de ese tajo..Bico.

Vera Eikon dijo...

Ay, Sarco, a mí también me daña así como lo dices ese niño flor...Besos.

Vera Eikon dijo...

Sí, le cambié el título, porque Interiores me pareció que casaba más con esa curiosidad del niño que quiere ver ese más allá que e adentro...Me gusta que tu hijo se resista a hacerse mayor, a menudo me parece que los niños quieren crecer demasiado rápido, y es curioso, porque cuando somos adultos todos pensamos en recuperar la adultez, pero la mayoría no queremos escuchar hablar del regreso a la adolescencia...Gracias por tu comentario. Apertiñas...

Vera Eikon dijo...

Me gusta impresionarte, querida. Bicos bicos!

Vera Eikon dijo...

El asombro y el miedo parecen ser el haz y el envés de una misma hoja, Stalker. A sólo un soplido podemos enfrentarnos a lo uno o a lo otro. El niño es audaz, sus ojos lo son, aun cuando en la noche tenga que ir a refugiarse a la cama de sus padres creo que es el propio niño quien invoca a sus fantasmas... Gracias por tus palabras. Abrazos.

Vera Eikon dijo...

Gracias a ti, David. Abrazos!

Vera Eikon dijo...

Oh, Silvia querida, me conmueven tus palabras...Bicos

Vera Eikon dijo...

Un abrazo, Jorge, y gracias!

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

Canto a la vida...
hermoso