Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


jueves, 11 de julio de 2013

DOS DIVAGACIONES



Cosas que me recuerdan a cosas

En mi soledad no hay más que peces arremolinados, cercándome. Por eso me pongo una escafandra, y los peces se estrellan contra el cristal igual que insectos contra el parabrisas cuando viajamos por la autopista y vamos enumerando las muescas, como a los enemigos caídos en una batalla. A mi me apena cuando conectas el limpia y todas esas marcas esparcidas se amalgaman en un pegote informe, que  se resiste a desaparecer.  Pienso que ese es el modo en que actúa la muerte. Despojándonos de nuestra individualidad nos engrosa en la madeja de los que ya no están.... El paisaje se torna turbio. Nuestros ojos discurren perpendiculares al viento. Se clavan en él como un sueño inmisericorde. El viento sangra. Su estado natural es la hemorragia. Y yo voy atesorándolo en coágulos que mis manitas blandas introducen en tu boca. Atraídos por la gravedad de tu corazón se tornan sus satélites. 


Con un pie en otro lado

A veces pienso que la distancia no es una mera cuestión de espacio. El uno enfrente al otro, y tengo la sensación de que nos damos la espalda. Te pido por favor que me arranques de este vacío en el que habito, pero debo parecerme demasiado al chimpancé que hace señales desde su jaula. Los peces vuelven a cercarme...Es irritante este nunca estar del todo. Este vivir con un pie del otro lado. Pero ese otro lado no es ni lugar, ni casa. Es una región donde no se proyecta mi sombra. Por el contrario, tu cuerpo es ese espacio que me concreta. La silueta de la que una vez me desmoldaron. Me acuno en él como la hojita que, después de un tiempo a la deriva, de pronto se queda varada en un meandro. Hasta que una corriente la desliga y por el río vuelve a errar, extrañando nuevamente su pasado en la rama.
 

12 comentarios:

Darío dijo...

Es irritante, pero así son las cosas. Distancia, imposibilidades, desamparo, inevitable despojo. Todas nuestras cicatrices. Abrazo.

Vera Eikon dijo...

Sí, es irritante. Sin embargo también creo que a veces defendemos nuestra insularidad a capa y espada. Como una especie de instinto de conservación que nos provoca ciertas reacciones que a veces somos incapaces de explicar...Pero bueno, son divagaciones, no más. Abrazo, Darío.

Emilie dijo...

Me encanta como expresás la idea del despojo... eso de extrañar la rama. Igual, las hojas que se quedan en la rama no vuelan. Abrazos

Jesús Alcalde dijo...

Dos preciosidades, diría yo. Me ha gustado mucho esto de hoy, Vera.

Saludos.

Vera Eikon dijo...

Gracias Emilie por leer. Y por esa aportación. Cuánta razón, las hojas que se quedan en la rama no vuelan...Abrazos..

Vera Eikon dijo...

Gracias Jesús..Un abrazo.

Sandra Garrido dijo...

Solemos ser nosotros los que nos aislamos, los que levantamos muros y los que ponemos distancia. A veces la barrera, aunque invisible, parece tan dura, intraspasable, y si alzamos la mano podemos darnos cuenta que llegamos al otro lado. Ya el contacto rompe toda red. Pero es que ese espacio es tan nuestro que tememos que alguien se afinque en él.

Bellisimo, todos estos pensamientos.

Besazo

Vera Eikon dijo...

Absolutamente de acuerdo, Sandra. Y la cuestión está en que acusamos de nuestra cerrazón a los demás. Ese contacto, el roce,...ay...Bicos, linda.

María Sotomayor dijo...

Me senté a leer con un pie en el vacío, pensé que lo había perdido... pero es entonces el viento.

Besos Vera.

Vera Eikon dijo...

El viento, siempre...Bico, María.

Carmela dijo...

Una imagen, "los peces arremolinados, cercándote", que refleja hermosamente la sensación de la soledad, ese sentirse fuera y mirando.
La distancia puede ser infinita entre dos puntos juntos, pegados; y puede ser finita, ilusoria entre estrellas de distintas galaxias. Sentirse unido, pegado a otro, es tan hermoso y tan difícil, pero es quizás una de las mejores sensaciones que existe.
Hermosos pensamientos, Vera
Besos

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

habitar vacíos y pedir que te ayuden es dolorso pero bello

Un abrazo:...

Me sigues deleitando con tu verbo, allá donde lo terrenal es sólo una necesidad