No encontrarse
en el lugar
en el que uno se dio cita,
el estribillo de la fuente
o el sombrear del árbol,
en ese interrogante
que desenvaina vientos
Vivir
como planta adherida
a la pared,
ámbito de hiedra,
ser latido
en el pulso de otra mano
8 comentarios:
Qué gusto leer tu poesía tras una semana de hastío.
Me encantaría adhererme a una de esas paredes, ser algo que late en la mano de otro ser viviente.
Un beso enorme.
Me llamo a silencio. Que hablen los latidos y el aferrarse de planta y muro. Un abrazo.
Contar con esa mano...
Biquiños mi linda ♥
Hay días en los que el ánimo decae, pero más tarde o más temprano, todo vuelve a la normalidad.
Un saludo.
Siempre he visto las hiedras como coronas infinitas.
A veces pienso si no somos títeres con hilos invisibles y es la mano del... ¿destino? la que nos maneja, la mano que nos yergue, la mano que nos tumba, que nos adhiere o nos separa de la piel de todas las cosas.
"No encontrarse / en el lugar / en el que uno se dio cita". Ese principio, qué grande, qué certero tantas veces, como si una agenda "nuestra" de papel invisible fuera escrita por la mano invisible independientementre de nuestros planes y versos y deseos. La vida seguramente sea esa hiedra que a veces cubre cálida y otras, encubre, astuta, el pulso que lo no nuestro que nos empuja.
Un abrazo, querida.
La liana pedunculada que describes, aferrada a la mano me ha recordado un relato tuyo que publicaste hace unos meses en la que sus protagonistas sentían y veían el hilo que los conectaba de los otros, que tiraba de ellos. Las raíces, los ramilletes de la hiedra me han devuelto esa imagen de personas enzarzadas, enmarañadas unas con otras, y la dificultad de vivir como individuo entre redes y raíces. La felicidad y el dolor que pueden causar estas tensiones y desgarrones. La manera de expresar eso, como siempre bella.
Besos de planta trepadora buscando el sol
se desentumecen las identidas en días así
bicos vera
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