Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


viernes, 31 de mayo de 2013

DIVISIONES



Qué cosa extraña este espíritu
que en otra carne se apacigua
y  no sabe más certeza
que el tránsito de lo palpable

El pesar por delimitar
el territorio de lo salvaje
al otro extremo de la planicie
allí donde comienza lo escarpado

Levantar una alambrada dentro de una
es como ordenarle al corazón que suspenda
todo palpitar que duele
y pretender seguir viva

El amor lo inaugura
una estampida de corceles
por tus pulmones
El fuego que nos quema
a la primera bocanada de vida

8 comentarios:

Sandra Garrido dijo...

Levantar una alambrada dentro de una

es como ordenarle al corazón que suspenda

todo palpitar que duele
y pretender seguir viva

a seguir vivas y viviendo, sintiendo en todas sus extensiones, sin muros, ni alambradas, sin acotamientos.

besicos

Juan Antonio dijo...

Perfecto, Vera. Eres todo un clásico. (No porfíes.)

çç dijo...

cerciorarse hasta no dejar duda

Sarco Lange dijo...

Si le quitáramos el amor a los poemas quedaríamos mirando la vida como miran las gárgolas el vacío de una isla.

Beso Vera.

Carmela dijo...

Una magia que no entiende de alambradas ni límites. Una explosión que todo lo inunda salvajemente.
Besos, Vera

Maruja dijo...

Es ¡¡¡Genial!!! Feliz fin de semana un beso Vera.

Darío dijo...

A veces me parece terriblemente fatal que el amor precise carne, carne, sangre, sudor, lágrimas. Pero lo necesita. Un abrazo.

Maria Germaná Matta dijo...

Cuanta precariedad en el amor y cuanto fuego.
besos