Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


martes, 31 de enero de 2012

DECADENCIAS

Imagen extraída de la red




A las mariposas
que habitan nuestros estómagos
se les han caído las alas
en el viacrucis
de un otoño anticipado.
Tras fulgurante eclosión,
el amor
ha retornado a la larva

lunes, 30 de enero de 2012

TRES ACTOS CON POSO DE COLOR AL FINAL

Toda 
esta intemperie
nunca dicha,
este transportar
fardos de cielo
sobre las espaldas
-cuánto azul puede sostener una mirada-
Tanto
arrojarse
a los océanos del sentimiento
sin bombona de oxígeno,
sin la posterior
despresurización del alma
Regresar
con  la epidermis
arrancada,
la flora del corazón
al aire
Un perro que escarba
halla entre la tierra,
todavía húmeda,
lo único que atesora:
el fósil
de un amor
muerto hace tiempo





 Imagen: Daria Endressen


Y ella hará
de su corazón
una coraza
No cantará el pájaro,
pues largo será
su cautiverio
y con el tiempo
ni el sol asomará
por entre los barrotes
de su jaula


 





Pero llegarán nuevos vientos amorosos
arrastrando entre su desnudez
tímidas albas
que de nuevo
al pájaro de su corazón
den cuerda
Y al retumbar de su canto
se quebrará
con estruendo
la coraza

jueves, 26 de enero de 2012

FE DE VIDA






Pongámonos alas
y salgamos a la vida
Olvidemos los rezos
entre las ropas sucias
Aireemos nuestros sueños
al frescor de la mañana
y que viajen
como hojas
en el vagón del viento
Y que aniden en los árboles
Y que alfombren avenidas
Que nuestros sueños vistan
estos tiempos tan desnudos
y que acampen
luciérnagas
en la noche sin estrellas

miércoles, 25 de enero de 2012

PRESENCIA EN LA AUSENCIA

Imagen: Sophie Thouvenin




A Miguel, y su manera de estar presente en su ausencia



Lágrimas,
fragmentos de alma
cayendo sobre el día
en cuajos de otoño
Hacerse pedazos
Romperse
Herir pájaros de pena
Campos sembrados de desesperanza
Quise asirte
con todas mis fuerzas
pero te llevaron
a ese lugar del que nadie regresa
Me legaste
partículas de muerte bajo las uñas,
fibras de olvido,
el fúnebre cantar de una campana,
la insípida atonía de un punto de encuentro
ubicado en un rincón de la nada
Te llevaste tus ojos,
tu sonrisa,
aquella manera que sólo tú
tenías de llamarme
A veces
-sólo a veces-
el viento viene preñado
de tiernos retoños de tu voz
Tatuando en mi corazón
una brisa de mariposas,
un rumor a rocío






martes, 24 de enero de 2012

ATEMPORALIDAD DEL INSTANTE





Allí, donde cantan las acacias, nos amamos. Con toda la violencia de la sangre, y la piel rebosando ruiseñores. Reían pétalos nuestras bocas, y por un instante, un mundo sin amarguras fue nuestra divisa. El amor es la victoria de la vida sobre la muerte. La vida, que el resto del tiempo es la gran perdedora, la cabizbaja derrotada. Sembraste mis pechos de campos de amapolas, y un cielo de mariposas anidó sobre nuestras cabezas. La borrasca no cabía en nuestros cuerpos, desaliñados de tormenta. Embestíamos con la energía del trueno, y nos debatíamos como mares, a merced de las olas. 

-¿Cuál es la gota que desborda los océanos?-

-Amor, amor, amor….-cantaba el ruiseñor en su rama

Jauría de animales liberados. De pronto la jaula de nuestros cuerpos se abrió cara el horizonte, al que por primera vez caímos. He aquí el lugar a dónde se dirigían nuestros pasos. He ahí la orientación de cada una de nuestras albas, el escozor de la ausencia de rocío sobre la flor, la angustia de la sequedad. Por fin se desborda la humedad, y somos carne. Carne que otra carne habita. Carne cuya gravedad plúmbica transciende la levedad del ser. Carne, para siempre, en un instante suspendido del tiempo. Allí, donde cantan las acacias, nos amamos….

lunes, 23 de enero de 2012

AISLAMIENTO

Paolo Franco Orlando: Isolamento numero quattordici: si sfidano



Y río
estentórea
mientras oteo la nada,
tiemblan pupilas
emergencia de la imagen
-rasga el iris la lágrima-
se pinta el día de mar
Eyaculo
feroz
palabras desoladas
como estepas
Ordeño mis enormes pechos
y apenas
una mísera gota de calostro
Abomino a gritos
la propia esterilidad
¿Es fútil todo intento de hallar al otro?
¿De hallarme en el otro?
Doy cabezazos contra tu torso
en catapulta
Me precipito suicida
hacia tus murallas
sólo para contemplar
el corazón
que guarecido
tras ellas
late
 

viernes, 20 de enero de 2012

COSAS BONITAS





Te miro,
en mi cuerpo
florecen
auroras,
cantos de pájaro

Amor,
bullicioso avispero
Mi vientre,
derrota consagrada

jueves, 19 de enero de 2012

EL PEZ

Imagen Sophie Thouvenin





Por momentos
me siento un pez
viviendo en la cárcel líquida
de su pecera
al que una mano frenética
arroja sin preaviso al mar
El pánico
Él vértigo
El temblor
Dislocarse las branquias
en la caída
Atesorar
cada gota de la libertad del océano
una vez de vuelta a mi prisión de cristal



miércoles, 18 de enero de 2012

OFELIA

Estudio para Madonna de Caracas (Homenaje a Ofelia) de Nelson Garrido





El cuerpo partido
en mil primaveras
La luna la corona
–mano blanca enguantada-
con su halo mortuorio

-reina
se balancea
blandamente
en su trono de agua-

Serpientes de flores la jalean
con el lamento sibilante
que se debe a los ahogados

-pero esto es
antes de que su cuerpo se hinche
y encuentren un congrio en su vientre abierto
sobre la metálica mesa de autopsias-


martes, 17 de enero de 2012

EL VIENTRE DE MI LOCURA

The womb of my madness de Paolo Franco Orlando




Tu cuerpo cayó sobre mí en lluvia serena. Cristal desnudo en la intemperie de la noche,  sentí el agua deslizándose, desgranando luminarias sobre la piel.  Y a la vez, lejana, escuchaba el repiquetear de las gotas, y trataba de penetrar el misterio insondable de tus manos- por momentos, al amar me desdoblo, y me cuelgo del techo como una cometa sin carrete-. Tú hacías música sobre mí, y en algún lugar que siempre estuvo seco brotó la voz de un arroyo. En otro lugar también murió una mariposa, resquebrajada por el retumbar de tu sexo en el mío, como la quilla de un galeón que embiste desmembrando la ola. Después de la fina lluvia hacemos de nuestro lecho un mar en el que nos sumergimos, para emerger a su superficie unidos ventralmente, del mismo modo que lo hacen en su cópula las ballenas jorobadas. ¿Cuánta belleza puede existir a la vez en el mundo? ¿Cuánta felicidad? ¿Cuánto dolor? Quizás mientras nuestra animalidad retoza, la luna derrama una lágrima plateada. Quizás este viejo planeta no pueda sostener el peso de muchos corazones inflamados como el nuestro. Quizás ni siquiera sobreviva al calor de nuestros dos corazones incendiándose. Y, por eso mismo, todo esto no hubo de ser más que un sueño. Aunque ahora corra ciega hasta el lavabo, a lavarme las lagañas del sexo en torno a los ojos.... Es locura, pero sí, que no estemos juntos quizás sea un acto de supervivencia de este viejo mundo. Y en nombre de ésta ¿a cuántos amantes habrá separado????

lunes, 16 de enero de 2012

PLAÑIDERAS

Imagen: Lev Chitovsky




A veces me desubico
y no existe espejo
que devuelva mi imagen,
ni garganta
que articule mi nombre
A veces
no soy más
que una chaqueta de hombreras
sobre la carne de una silla,
una casa hospedando
jaurías de corrientes de aire
A veces
soy incapaz
de palpar el rostro
que se oculta bajo esta máscara
y ya no leo mi designio en la lluvia
y olvido el lugar del corazón

Hoy
una voraz paloma
se alimentó
de las migas que habías sembrado
para llevarme hasta ti
y la piel se me quedó colgando
-despojo-
 en una zarza
-cuando llega el otoño
siempre añoro el sabor de las moras-
A veces
en esta ausencia de ti
mi cuerpo hiberna



 Imagen: Lev Chitovsky


Quién será aquél
que habrá de lustrar
el cuerpo que se oculta
bajo tanta herrumbre


viernes, 13 de enero de 2012

CANCIÓN DEL HOMBRE DEL SUEÑO

Imagen Marcela Bolivar 



Estemos bien
Querámonos
Sé que a veces no es fácil entenderse
Pero no importa
No hemos de compartir la vida,
tan solo estas ganas de lluvia

Estemos bien
Amémonos
Sé que tu lecho es inalcanzable
Pero entre nosotros existen lechos ignotos
aguardando ponerse nuestras pieles por bandera

Estemos bien
Tomémonos
Ya sé que nadie es de nadie
Pero tengo estas ganas de entrega
que pinta de nieve las cumbres
No le pongamos techo a los sueños

jueves, 12 de enero de 2012

DE LO QUE SE OCULTA BAJO MIS SÁBANAS

The Mask of Binds and Blinds de Paolo Franco Orlando







No siempre mis sábanas
esconden primaveras
A veces bajo ellas
a mi cuerpo sudoroso,
-mi cuerpo lapa-
lo montan otros cuerpos
que es difícil despegarse
Y caemos
unidos por los sexos
como perros de la calle
A veces duermo
con el cuerpo imantado
y en la noche
hombres sin rostro
vienen hacia él
y cosechan
la canastilla de orgasmos
Y yo
que me jacto de no desperdiciar
ningún goce
lleno el vacío sobre su cuello
con unos ojos
una boca
una máscara de placer
la que simula el rostro de ese hombre
-sí-
la de ese hombre
- justo-
el único entre todos
-sí
justo
vos-
que nunca ha de venir

miércoles, 11 de enero de 2012

EL ROSAL

Imagen: Sophie Thouvenin






Cada sábado en la mañana el jardinero iba a cortar la rosa más hermosa del rosal para su amada. Cuando lo veía acercarse por el camino de gravilla, silbando jubiloso una alegre melodía, el bello rosal se hinchaba como un pajarillo. Una vez que el joven jardinero estaba frente a él, con aquellos ojos de un azul tan claro que su mirada era casi transparente, y caía sobre las flores como una gota de rocío, entonces-decíamos- el rosal le ofrecía su flor más fresca y radiante, aquella que palpitaba en el lado izquierdo de su pecho, la única que era fruto de su corazón.  El jardinero se acercaba a la flor con sumo cuidado, y con un golpe limpio de su tijera, segaba el tallo tierno de la rosa. En ese momento todo el rosal se estremecía, como si con sus hojas se hubiera entrelazado una brisa deliciosa. Y todas las rosas se abrían al día en una misma canción.
Una vez que el jardinero se alejaba dichoso, portando en sus manos su delicada carga, comenzaba un duro trabajo para el rosal. En aquellos momentos todos sus esfuerzos se encaminaban en volver a hacer crecer a aquella rosa de su pecho. Pues bien sabido es que, entre todas las rosas, la del corazón es la más bella. Así que el rosal agitaba sus raíces para que estas no cesasen en su empeño de encontrar alimento, escarbando en la tierra. Se ponía de puntillas para acercarse al sol, y así absorber con fruición la energía de sus rayos. Y su corazón palpitaba con fuerza inusitada para acaparar toda la savia, y hacer florecer con ella la rosa destinada a la amada del jardinero.
Y, siempre, durante todos aquellos meses, el sábado al amanecer, puntualmente, aquella rosa del corazón se abría, tan hermosa y radiante, que nacía escarchada de rocío-como si hubiese nacido de la mirada transparente del jardinero-para que el mismo sol pudiese entre sus pétalos jugar.
El rosal se había adaptado con extraordinaria facilidad a aquella rutina, a la que dedicaba todo su empeño y esfuerzo. Pero, transcurridos unos meses, ocurrió que llegó el primer sábado en el que el jardinero no acudió a su cita. El rosal no quiso darle importancia, pues bien era posible que el jardinero se hallara indispuesto, y no le hubiese quedado otro remedio que postergar aquel momento, que, a todas luces, esperaba con ansias. Y se imaginó que aquella ausencia era una ventaja, pues con una semana de adicional, la rosa de su corazón tendría tiempo para crecer y crecer, y convertirse en la más hermosa que hubiera  nunca brotado del pecho de un rosal. Y a ello se dedicó toda la semana. Pero ocurrió que el siguiente sábado el jardinero tampoco acudió. Y esta vez sí que este hecho dejó un tanto melancólico al rosal. 
Pero fue al tercer sábado cuando el rosal se sintió realmente apesadumbrado. Tanto era su pesar que incluso una de sus rosas se dobló con el peso de la tristeza, hasta que terminó por caerse. Pero una de las ráfagas, hijas del viento, llegó a tiempo de que aquella flor no tocase el suelo, y desperdigó sus pétalos por los cuatro puntos cardinales. Pues el viento en sus fugaces visitas, se había convertido en uno de los amantes abnegados de aquel rosal.  Y no quiso permitir que una de sus rosas se derramara por el suelo.
La semana siguiente fue la cuarta en la que el jardinero no acudió a su cita. Y otra de aquellas rosas, una que destacaba por ser especialmente alegre y vivaracha, se separó de su tallo. Esta vez fue el propio rosal el que clamó por el viento:
-Ven, querido viento, ven. O envíame una de esas ráfagas que son como un esqueje tuyo. Ven, y llévale al jardinero mi rosa más alegre, como un llamado para él de este rosal triste y olvidado.

Esta vez el viento acudió personalmente, y se llevó aquellos rojos pétalos entrelazados en su piel, como un llamado para el jardinero.
Aquel día el jardinero se hallaba pensativo, sentado sobre el tocón de un árbol, en medio del bosque. Era tal su ensimismamiento que apenas parpadeó cuando vio que sobre su cabeza llovieran unos cuantos pétalos de rosa.
Llegó el quinto sábado y el jardinero tampoco se presentó. Esta vez su rosa más soñadora resbalo como una lágrima por su rostro, y cayó en el regazo del viento, que se había adelantado a la llamada del rosal. Y esta rosa, como la anterior, cayó como lluvia sobre la cabeza del jardinero, que apenas se percató de ello.
Y así durante semanas y semanas, hasta que por fin sólo quedaron dos rosas. Una rosa que destacaba entre todas por su generosidad, y la rosa del corazón que durante todo este tiempo permaneció impertérrita y radiante cara el sol. Una mañana se presentaron junto a él unos pájaros que habían escuchado de labios del viento la historia del rosal que languidecía debido a la ausencia de su jardinero. Y con el jolgorio de sus voces todo lo entristecido que le era posible a tan alegres  criaturas se compadecieron del rosal de este modo:
-Pobre y hermoso rosal que extraña a su jardinero. Triste es porque el jardinero no ha de volver, pues hace tiempo que perdió el corazón de su amada. Por lo tanto no derroches por él hasta la última de tus rosas, y nunca olvides conservar, a pesar de la amargura, viva la rosa del corazón.
Y una vez dicho esto, se alejaron agitando sus alitas
Pero al sábado siguiente, ante la ausencia de su jardinero, la rosa generosa imitó el destino de sus predecesoras.  Afortunadamente, y como de costumbre, muy cerca se hallaba el viento, que se llevó la constelación de pétalos, a horcajadas, sobre su lomo. Y otra vez llovieron  sobre la cabeza del jardinero, que en esta ocasión acariciaron los cabellos con extraordinaria generosidad. Era aquella caricia la única que en todo ese tiempo de dolor había impreso su huella en el abatido jardinero. Tanto que al sentirla, y ver aquellos pétalos cayendo en cascada sobre él, se acordó de aquel rosal que tiempo atrás había abandonado, porque era entre todas las cosas y todos los seres la que más le recordaba al amor perdido. Así que se levantó como un resorte del tocón en el que permanecía sentado, y corrió hacia su jardín. Llegó casi sin resuello pero esperanzado. Sin embargo al ver como su antiguo y florecido rosal se había convertido casi en un esqueleto, una nueva tristeza le embargó. Sólo una única rosa parecía subsistir hermosa y llena en aquel rosal. Al verla se dio cuenta que aquella era la rosa del corazón, la que en tiempos felices siempre había sido destinada para su amada. En aquel instante se llenó de júbilo, e identificó-como suelen hacer a veces los amantes desdichados, que creen ver señales del amor por todas partes-el hecho de que aquella fuera la única rosa que permanecía en pie, con la posibilidad de que su amada lo conservara del mismo modo en el corazón. Decidió cortarla e ir a llevársela como un presente. Acercó con delicadeza su mano con el fin de arrancarla. Pero una vez que sus dedos la tocaron, aquella rosa tan palpitante al sol derramó con furia todos sus pétalos, y de ella apenas quedó un mísero y seco tallo. Bueno es que al ver aquello el viento acudió presuroso, y se los llevó puestos en su abrazo. 
Y fue así como el jardinero aprendió que la rosa del corazón, puede parecer fresca y en óptimo estado, pero eso no significa que la tristeza no la haya matado por dentro. Y decidió que a partir de aquel instante nunca más iba a dejar abandonado su jardín, porque para que un jardín florezca es preciso cuidarlo.







VERA, SUS REMOLINOS

Imagen: Irina Kotova



Hay días en los que la felicidad es un viento fresco en la cara. Un viento que barre los lastres del alma. Un viento-caricia, viento-beso. Por eso a veces, cuando me siento feliz, digo que tengo el cuerpo lleno de vientos. Y al doblar la esquina me tropiezo con la luna blanca, que todavía asoma el hocico en un cielo que comienza a pintarse de azul. El mismo gato atigrado de siempre se cruza diagonalmente en mi camino. O quizás no sea el mismo gato. Todo los gatos el gato. Hay una luz en sus ojos en la que creo reconocerme, pero a la vez es un algo indefinible. Como yo, a la que cada día le resulta más difícil definirse, calificarse. Esto, contrariamente a lo que se pueda pensar, no me produce desazón. Amo la contradicción que me habita.  “¿Que yo me contradigo? Pues , me contradigo. Y, ¿qué? Yo soy inmenso, contengo multitudes.”, tomando prestado el verso de Whitman. Identifico esa contradicción con el natural fluir de la vida. Pero a la gente le encanta definirse, definirte, que la definan…Porque en cierto modo esto nos mantiene a salvo de los abismos del otro, de los de uno mismo. El terreno de las definiciones es un terreno muy cómodo….Cuando vemos una película, ante cualquier situación de conflicto interior, él suele preguntarme ¿y tú, qué harías?  Entonces él se gana mis furias-mis furias suelen tener algo de zarpazo de gato: un tanto de intención y un tanto de juego-porque yo nunca sé qué haría, a veces ni sé qué hago en el presente, y además odio que me corten el hilo de la película.
El caso es que yo sé que a ti no te pasa lo que a mí con los gatos. A veces trato de explicarte, y te digo que para entenderme has de reducirlo a términos de amor. Ese amor infinito que nos mueve hacia los otros, hacia las cosas. Socialmente se tiende a asociar el amor a las relaciones de pareja. Pero ese sentido me resulta demasiado limitado. Creo que el amor es algo mucho más pleno. El amor es el impulso vital tirando de nosotros, y arrancándonos de la inercia. Es lo que yo creo. Es el amor el que me mueve hacia el gato. Es el amor el que me mueve hacia ti, aunque este último de un modo mucho más perentorio. Soy consciente de que te amo de manera absoluta, y a la vez esto no implica que no pueda amar a más personas. Quizás, la diferencia, es esta necesidad de ir hacia ti sin reservas. Respecto a la mayoría de las cosas y los seres que amo soy una proyección. Pero respecto a ti, soy plenitud. Entre todas las personas que existen, sólo tú desatas los vientos que viven en mí. Y me siento un vórtice a lo que todo viene y de lo que todo mana. Por eso sé que finalmente nada habrá que yo no pueda o no quiera decirte, nada que yo tema o no desee mostrarte. Quizás a veces ignores que en mí también hay una mujer llena de timideces, u odiosos prejuicios. Recuerdo el día en que me dijiste que yo siempre necesitaba ser el centro de atención, y que en realidad no soportaba las situaciones en las que este fuera otra persona. La verdad es que aquel comentario me hizo reír, porque nada más lejos de mi percepción de mí misma. También pensé que en ese comentario se traslucía lo mucho que he cambiado estos últimos años. Es cierto, he cambiado. Sin embargo sé que mi timidez natural es un obstáculo que siempre he de saltar, aunque la costumbre haya facilitado que ese salto muchas veces sea inconsciente. Pero, no creas, a veces la timidez vuelve y me pilla con la guardia bajada. Entonces soy de nuevo esa chica con las mejillas sonrosadas, que si no fuera porque está paralizada, acabaría escondiéndose debajo de la mesa. Claro está que la palabra es para mí el modo más eficaz de vencer esa timidez. La palabra o la imaginación. Por todo esto que te digo, tú espera….