Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


miércoles, 10 de abril de 2013

MUJER ARDIDA










La veo arder al sacrificio del poema,
narciso ennegrecido
entre llamas azules.

Como una de esas mujeres
que expían una culpa
que es de todos,
ella se inmola en la palabra.

Satura el aire el olor de su carne quemada,

mi cuerpo convulso,
la náusea.

Un grito abre el cielo
con su pico de pájaro

¿qué clase de augurio manifiesta
la articulación del pánico?

Nubes de moscas revolotean estos ojos,

como en las cuencas vaciadas de un cadáver
hacen noche.

“Mujer ardida,
me señalan desde tu pira
cada una de mis muertes”

el tallo es cuerpo adentro,
la flor se abre sin presunción de ser mirada.

30 comentarios:

Aka dijo...

Para arder hay que ser fuego, mujer fuego. Las muertes que nos señalan también son vidas, pasiones reducidas a tizones consumidos, pero vidas vividas que nos señalan y recuerdas que estamos vivos, que estuvimos vimos, y que podemos seguir vivos. Son aire que alimentan las llamas de la pira y nos hacen arder para volver a vivir.

Besos Vera

Juan Antonio dijo...

El eco sobrio de los coros de las tragedias griegas reencuentra caminos en tus versos.

Sandra Garrido dijo...

hermoso homenaje, donde tu también sangras en verso, la palabra hallada.

bico

Vera Eikon dijo...

Precisamente aire es la primera premisa para arder. El poema fluye...Bico, Aka(¿despunta ya la primavera?)

Vera Eikon dijo...

Algo así es lo que siento cuando leo a Laura...Bico, Juan Antonio

Vera Eikon dijo...

Ciertamente, Sandara, el verso ha de ser sangrado. Cuando leo a Laura siento que sangra por todos nosotros...Biquiños!

Laura García del Castaño dijo...

La verdad estas cosas que sorprenden, me halagan, me dan miedo. No tener a veces, la sospecha, de cuánto puede exeder el poema.Su fe. Miedo porque es una incógnita el lector, porque no hay control, porque siempre hay una recomensa de él, aunque más no sea una réplica de otro temblor y nada importa si para llegar a él tuvimos que prendernos fuego! Arda querida. La quiero.

Vera Eikon dijo...

Podemos encontrarnos como cenizas, o humo. Sustancias que además tienen la cualidad de confundirse facilmente. Aunque en realidad tus versos se confunden con la sangre de una, y con ello todo lo que tú eres. La réplica, el temblor. El viento fluye entre nosotras, querida, el fuego no para. Te quiero y te abrazo...Diabla absoluta!

Maria Germaná Matta dijo...

Tu poema lleva fuego y mucha admiración. No he leído a Laura pero seguro que sus versos son llama.
Un abrazo

Garriga dijo...

bello vera
bello y con pájaros
como a mi me gusta
y fuegos y mil muertes
si

Claudia Sbolci dijo...

"ella se inmola en la palabra

el tallo es cuerpo adentro,
la flor se abre sin presunción de ser mirada."

doy fé,la entrega total en cada poema, la flor que no presume,
la marca de fuego en la piel de la semilla de cada palabra sembrada.

fuerte y sentido poema
Abrazos Vera.

Leo Mercado dijo...

Para Mí, Laura G. del C. no existe. Nombrarla es el poema mismo, es el miedo terrible a la inmensidad o la paz inconmensurable de un profundo cielo azul. No lo sé.
Vos andás por ahí nomás, Vera.
Besos.

Vera Eikon dijo...

Su poesía es ya para mí imprescindible. Seguro que te conmueve, María. Un abrazo.

Vera Eikon dijo...

Los pájaros hacen ya de por si lo bello, Garriga. Y qué decir del fuego. Beso

Vera Eikon dijo...

Sí, Claudia, y por ello nos arden los ojos al leerla. Abrazo.

Vera Eikon dijo...

Prafraseando a Juan Ramón Jimenez "eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo".Con los poemas de Laura sucede. Su voz tiene tantas variantes, que se diría caleidoscópica. Su lectura siempre sorprende, pero a la vez establece el lazo. Cómo le comenté hace un tiempo, "le hablas a un lugar tan íntimo de mí, casi remoto..."(¿me estoy autocitando?, ¿qué te dije?)

Carmela dijo...

Ser ceniza de un fuego, consumirse en el sentido de vivirlo al máximo y esparcirse con el viento, plena.
No la he leído, Vera, pero debe ser tremenda para llegarte de esa manera que se refleja en tus palabras. Me pasaré por su casa.
Un beso

Axis dijo...

Qué hermoso poder contar con la poesía que se ha convertido en imprescindible, nada más bonito e inmenso para sentir y hacerlo conocer :)

Te quiero!

Stalker dijo...

los dos últimos versos son un injerto: abonan y prometen un cuerpo, una tierra, un latido...

abrazo!

Vera Eikon dijo...

Arder, Carmela. El desperdicio sería consumirse sin haber ardido. Bicos

Vera Eikon dijo...

Eso que nos alienta, querida mía.
Y yo a vos!

Vera Eikon dijo...

Creo que yo también los sentí así, Stalker...Otro abrazo.

silvia zappia dijo...

y brota el poema con la fuerza del parto.

beso, vera*

Vera Eikon dijo...

Absolutamente vivo....Bico, Silvia!

Fernanda Hoffman dijo...

Es perfecto! Mujer ardida.. como me gusta!

Placer leerte, un abrazo.

Darío dijo...

Cada poema es su pira y viceversa. El aroma de carne chamuscada y sangre es innegable. Abrazo.

Vera Eikon dijo...

Gracias Fernanda por tus palabras. Un abrazo

Vera Eikon dijo...

El furor...Un abrazo, Darío.

Amanecer Nocturno dijo...

Jo, vaya dos mujeres que os habéis juntado en esta inmolación de la palabra. Sólo conozco a Laura por su poesía, y yo diría que la has pintado a la perfección.

Un abrazo enorme, Vera!!

Vera Eikon dijo...

Me alegra que la veas en este texto. En cierto modo ella es inconfundible....Abrazo linda!