Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


martes, 31 de mayo de 2011

NO SEAMOS ORFEO Y EURÍDICE


Imagen:George Frederick Watts



Nunca he podido entender como Orfeo
cuya música hizo llorar a los tormentos
y estremecer el corazón de los demonios
se volvió para mirar a Eurídice
cuando esta aun tenía un pie en la sombra

Como amante
el peso de la mano de Eurídice en la suya
debería haber bastado

Como bardo
el sonido lacerante de su respiración
debería haber eclipsado
el ritmo turbador de cualquier otro canto

Como animal
la fragancia embriagante de su piel
debería haber permanecido incólume
ante cualquier olor contaminante

Pero quizás
como humano
necesitó de esa seguridad aplastante
que sólo otorga la mirada

Por lo que ahora
me preparo a conciencia
para emprender el viaje
y rescatarte del infierno
donde te he perdido

Y TEMO

Que el Inframundo no se rija
por las mismas leyes físicas
que la superficie
Y tu mano se torne
entre la mía
tan liviana
Que
inevitablemente
me pare a mirarte

Que el lamento quejumbroso de los desdichados
suene tan atronador a mis oídos
que la cadencia envolvente de tu respiración
se diluya entre los gritos de angustia
e irremisiblemente
me detenga a mirarte

Que los vapores pestilentes
del Averno
eclipsen el cálido y fragante
aroma de tu cuerpo
y que
definitivamente
me vuelva a mirarte

Porque indudablemente
yo también soy humana

Pero además como mujer
soy previsora
Por lo que antes de partir y abandonar
el abrazo del hogar
me he procurado un pequeño puñal
cuya hoja calentaré en el fuego de mi pecho
Y si en un momento dado
me veo en el trance
de sucumbir a la tentación
no dudaré en posarlo
sobre la cuenca de mis ojos
Porque la ceguera es el modo más efectivo
que conozco
de impedir
que
aciagamente
me vuelva a mirarte

19 comentarios:

Malena dijo...

Avanzar siempre sin mirar atrás, ni siquiera al amado, ¿quién puede?
Pero cierto es que, a veces, nuestra mirada enamorada hace que el otro se desvanezca. Unos ojos indiferentes (o que fingen indiferencia) son más atractivos.

Curiyú dijo...

Yo primero!!! Gané!!!
Como bien dicen las escrituras...si tu ojo derecho es ocasión de pecado, arráncatelo.
Pero a veces, los ojos nos traen mero sufrimiento, y auqneu te los arranques,verás lo que los ojos no pueden ver.
Besísimos.

Curiyú dijo...

Mentira, mi compañera Malena me derrotó. Y además, auqneu debe decirse aunque.

vera eikon dijo...

Malena, el poema lo escribí como una reivindicación del amor puro, el amor ciego, que intenta sustraerse a las seguridades, a las certezas,que todos los humanos buscamos (exigimos) al amar(por miedo), y que muchas veces lo acaban aniquilando. Un amor que devenga según el latido de dos corazones, y no por las estipulaciones de un contrato. El pacto es el del cuerpo, y el del espíritu...
Supongo que es una concepción muy particular del mito de Eurídice.
Un abrazo Malena

vera eikon dijo...

Darío, paradójicamente, nuestros ojos ciegan a los otros sentidos, de tal modo que somos seres tan acostumbrados a la evidencia visual, que nos parece la única válida. En el amor es tan difícil no sucumbir a esa necesidad de evidencias(porque tememos tanto lo que no vemos, que abogar por amar con las luces apagadas produce bastante vértigo...), de tapiar las puertas para cerciorarse de que el otro continúa ahí, que me da la sensación de que se requiere una verdadera disciplina para no sucumbir, algo tan brutal como arrancarse los ojos...Le abrazo

Sentimentiras dijo...

Joder Vera, es precioso no, es ENORME! Me encanta la mitología, pero siempre tuve debilidad por la historia de Orfeo y Eurídice... me parecía de las más bonitas.
Muchas gracias. Un poema tan bonito hoy, que no he podido dormir, que me duele todo y que estoy un poco triste... es un regalo :)

El hombre de Alabama dijo...

¿No dolería menos un pañuelo?

Nunca voy a entender de estas cosas, y por eso, realmente, tengo poco qué decir.

vera eikon dijo...

Vaya Sentimentiras...muchas gracias. Y sí que es una historia encantadora la de Orfeo y Eurídice, pero que tragedia perder al ser que se ama por dos veces...Y espero que ese dolor, sea un dolor dulce, de esos que en cierto modo reconforta, como la melancolía del otoño...
Un beso grande

vera eikon dijo...

Probablemente sí Alabama, pero en mi caso seguramente se desanudaría solito....Pero tienes razón, cuando hablo de amor soy tremendista.
Biquiños

vera eikon dijo...

Oh, Sentimentiras, ya sé quién eres...Has vuelto??? Un beso pequeña!!!

Rayuela dijo...

mi querida vera, me inclino ante la fuerza de tus versos.


mil besos*

vera eikon dijo...

Gracias Rayuela. Tus palabras me hacen mucho bien...
Besos

Laiseca Estévez dijo...

Qué bonito Vera, la primavera te pone a mil ¡qué asfixia! Y que deleite de amor moribundo, templando o no templando la hoja, sucumbiendo o sin sucumbir, enmadejados en una respiración jadeante, un pacto indeleble, volátil...
¿recibiste el correo? estoy deseando verte un finde. bicos

vera eikon dijo...

Siiiiiiiiiiiiiii! Lo recibí. Ya lo hablé con Edu y un día de estos vamos. Bicos

Mixha Zizek dijo...

Me gusta tu poema muchísimo, ese enfrentamiento entre la divinidad y lo propiamente humano. Realmente que parte de nosotros realmente ama, y como humanos queremos formar oarte de lo divino, en el amor ambos son los mismo, besos

Erev dijo...

Delicioso.
El inframundo tiene ese aire de desafío e irresistible, ¿no crees?
Yo también me he vestido de Orfeo con alguna que otra alma.
O al menos eso he creído.
Un beso.

vera eikon dijo...

La verdad Mixha que si hay algo que me sugiera (a una persona tan descreída como yo)alguna noción de divinidad, eso es el amor. Cuando amamos nos sentimos dioses, pero como los dioses olímpicos, divinamente humanos.
Besos

vera eikon dijo...

Sí Erev, el amor tiene algo de descenso a los infiernos, pero supongo que debe ser para tomar impulso...porque no sería bueno quedarse allí de manera permanente
Biquiños

ana dijo...

Es conmovedor, humano, demasiado humano, esa bajada al inframundo, la duda, la necesidad de certezas, la ceguera necesaria, el deseo del rescate, la imposibilidad...
saludos, Vera