Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


miércoles, 14 de noviembre de 2012

RETRATO DE JOVEN Y ARCO IRIS

Para mi Andre, pues ya hace tiempo que le debía esta historia, y hoy, aprovechando que es su día se la acercó deseándole toda la felicidad. Te quiero!!




El sonido de la lluvia tras la puerta abierta se amalgamaba al burbujeo del agua hirviendo en la cacerola. La joven había dejado que su pensamiento bullera inconsistentemente, como un pececillo bailando al compás de las pequeñas olas, mientras aguardaba el momento de retirar la pasta. Uno de sus rizos negros caracoleó hasta su oreja derecha, ovillándose en el pabellón. El leve cosquilleo la devolvió de nuevo a la cocina, apercibiéndose en ese instante de la tormenta que había estallado hacía unos diez minutos. Corrió hacia la puerta donde ya una estrecha lengua de agua comenzaba a lamer el embaldosado.  La cerró, recreándose soñadora en aquel aguacero que en oblicuas segaba unos cuantos rayos de sol, tan finos como para escapar entre el  tamiz de las nubes. Pensó en espigas de luz derramándose sobre el asfalto, y con esa imagen se decidió a ir a por el cubo y la fregona. Cuando ya daba la espalda a su balcón escuchó un estruendo tras de si que la sobresaltó. Imaginó que se trataría de un relámpago y recordó que debería apagar el fuego si no quería que la pasta se pasara. Rápidamente sacó la cacerola del hornillo y escurrió el agua. Separó los espagueti en un recipiente, y lo tapó para que no se enfriasen. Desconocía la razón, pero la pequeña nube de vapor que se iba desdibujando enfrente suya le hizo pensar en Diego. Enseguida la manoteó como si aquel gesto pudiese aniquilar cualquier pensamiento melancólico. De todos modos aquello era propio de las tardes de lluvia, en las que nos sobreviene el deseo de refugiarnos bajo el paraguas plegable de nuestro pasado. Rápidamente se dirigió hacia al armario y, esta vez sí, se armó del cubo y la fregona. Pero a través de la puerta acristalada del balcón vio algo que llamó su atención, con lo que de nuevo olvidó por completo su cometido. Algo que contradecía el sonido de la lluvia que persistente golpeaba las ventanas, casi hasta negarlo por completo. Allí, detrás de la puerta, en su pequeño balcón, todo lucía radiante e iluminado, como si unas manos hubiesen recortado un trocito de cielo primaveral y lo sujetaran amorosamente sobre él. De tal modo que las pocas plantas  que tan solo unos instantes antes se distribuían tristes, mustias y despojadas de hojas en unas cuantas macetas-y que permanecían abandonadas a su suerte desde la partida del anterior inquilino-, aparecían ahora vibrantes, copiosas y florecidas. En cuanto salió por la puerta tropezó con un objeto que se hallaba en el suelo, pero agarrándose oportunamente a la manilla evitó la caída. Se incorporó tratando de identificar aquello que yacía sobre el embaldosado y establecer los motivos por los cuales se hallaba en su balcón. Lo que había sucedido, a pesar de su carácter extraordinario, no era sino un hecho de explicación bastante simple. Un joven e inexperto arco iris, que en aquella tarde había lucido por primera vez sobre el cielo, se había resbalado entre la lluvia, cayendo estrepitosamente a su balcón, emitiendo el sonido que anteriormente  la había sobresaltado. 

A pesar de lo insólito de aquel suceso, la muchacha reaccionó con calma. Lo primero que hizo fue intentar descartar que aquello no se tratase de la mera alucinación de un carácter con cierta predisposición  a los sueños de vigilia. Para ello acercó con precaución su dedo índice al palpitante arco iris que todavía permanecía recostado. Enseguida una sensación de calor se propagó desde la yema de su dedo hasta su muñeca, y algo con la apariencia de una mariposa de luz se desprendió de su mano emprendiendo el  vuelo, hasta que como una vaharada de color desapareció en el aire. Una sonrisa se restregó perezosa en la boca de la muchacha.  Al fin y al cabo se trataba sencillamente de un inofensivo arco iris, que a juzgar por sus temblores parecía más asustado que ella. Sujetándolo trató de que se incorporara, pero a este gesto reaccionó ovillándose todavía más sobre si mismo. Se aventuró a acariciarlo, lentamente, deslizando la mano a través del lomo de siete colores. Una corriente se desplazó sobre su piel, y el arco iris emitió un sonido placentero que le recordó al ronroneo de los gatos. Entonces comenzó a moverse, y arrastrando su vientre sinuoso como una serpiente, dibujó un lazo alrededor de sus tobillos, a la manera perezosa y acuciante de los felinos, para luego, como si se hubiese empeñado en imitar fielmente el comportamiento de estos animales, subirse grácil a la barandilla, y, con el porte sereno y majestuoso de una esfinge, se recostó sobre ella. En ese momento el cielo pareció acabar de desentumecerse, y un sol de cara lavada se posó sobre la cabeza del arco iris, brillando su piel de colores como las escamas de un pez.

En los días sucesivos no llovió sobre la ciudad. El cielo continuaba limpio, sólo de vez en cuando blancas anacronías de nubes  moteaban su monotonía azul. Parecía que sin lluvia el arco iris era incapaz de encontrar la escalera que lo restituyera a las alturas. Junto con la muchacha pasaba las horas entre las flores, escuchando algo de jazz, o recitando cuanto poema encontraban buceando en internet que hablara de lluvia. Hemos de precisar que la que recitaba era la joven, puesto que el arco iris se comunicaba, no con palabras, sino a través de sus colores, que iban variando de intensidad según su estado de ánimo. A veces el arco iris se sentía melancólico, o esto es lo que ella presentía, puesto que en esos momentos parecía que la gama retrocedía una tonalidad. En otras, cuando pensativa le daba unos intermitentes golpecitos con los nudillos, o deslizaba la inconsciente mano por su espalda, la franja roja parecía incendiarse, como si aquel gesto lo hubiera ruborizado. Siempre que la muchacha regresaba del trabajo, trataba de pasarse por una floristería que quedaba de camino, por mor de llevarle alguna nueva planrta. Así el balcón se fue llenando del naranja efervescente del Cosmos, el desvaído violeta de la Lavanda, la aromática blancura del Jazmín, o el gesto soleado de la Gazania. Cada nueva adquisición era celebrada con un arquear de lomo del arco iris-siempre con aquel encrespamiento de los gatos-al que enseguida se le veía retozando entre los tallos y pétalos, y a cuyo tacto parecían elevar el color. Así transcurrió el tiempo hasta que una tarde, cuando regresaba a casa absorta en el ejemplar de Echeveria que llevaba entre sus brazos, sintió caer sobre su nariz la primera gota de lluvia en mucho tiempo. Apresuró el paso a rastras de un presentimiento. Y cuando ya en carrera se precipitó hacia su balcón, vio que tal y como temía, el arco iris no la esperaba, como era su costumbre, sobre la alfombra-no sabía decir la razón, pero había puesto una alfombra sobre el embaldosado, pensando que le resultaría más cómodo-sino que ya ocupaba su posición natural en el cielo, al abrazo de unos tibios rayos de sol y la piel de la lluvia. Y allí aguardó hasta que lentamente se difuminó en el cielo, no sin que antes ella dejara de advertir un ligero respingo en el lomo electrizante, como el agitar del pañuelo blanco de una despedida. Desde aquel encuentro el arco iris adquirió la costumbre de posarse en su balcón los días de lluvia y retozar, tal y como le placía hacer, entre las flores, que ella conserva siempre radiantes, erguidas, magníficas. No sabría decir si porque, en cierto modo, las siente como un faro para que el arco iris no equivoque el camino en los días de lluvia, o simplemente porque en su cuidado haya un delicioso placer. Lo que sí sabe es que ya nunca la invade aquella melancolía de los días de lluvia. Quizás porque por fin ha entendido que su balcón es ese tesoro al final del arco iris…

14 comentarios:

el maquinista ciego dijo...

Ay, Verita!! Muchas gracias, linda!
Me acabas de dibujar una sonrisa, y mi corazón se arquea como el lomo de un gato multicolor, latiendo violenta, azul, naranja... ;))

Como siempre -y, sin embargo y por suerte, siempre como nunca antes-, un cuento maravilloso! Bienaventurado Andre, agasajado con arcoiris felinos!!

Mariposas de jazzz aletean en mi cabeza, has traído la inspiración y el buen humor a esta casa xDD

Bicachusss!!

Vera Eikon dijo...

jaja....Gracias, Sr Maquinista, pero debo aclarar que Andre es el apelativo cariñoso de Andrea, nuestra Axis, farera de los balcones floridos, engatusadora de los arco iris. Y ya hacía tiempo que su oasis porteño me había insinuado esa idea de un arco iris viviendo en el balcón de una mujer, aunque sólo ahora pude retomarla, aprovechando que es su cumpleaños. Y bueno, parece que algunos asociamos todo lo hermoso con lo felino....vaya dios a saber por qué!! Me alegra que te haya gustado, puesto que como hacía tiempo que no escribía relato me sentí todo el tiempo bastante titubeante. Beso querido maquinista, a ver cuando veo la estela de humo de su tren circundando la ría...(y otro para CC, y miles para Betsy)

el maquinista ciego dijo...

Qué bueno! la verdad es que pensé en Axis con lo de las flores, que te habría servido de inspiración y en que le iba a encantar, jejeje.
Pues entonces, Bienaventurada Andrea!!
Lo cierto es que pasé en tren hace poco por ahí, vi tu oficina sobre la ría, pero pasé de largo, que iba para Vigo. A ver si vamos prontito por ahí, pero haciendo parada en ese otro hogar ;))

Me dicen por aquí que besos y ronroneos para ti!
Muás!

Axis dijo...

Hola hermosas!!!

hola mi corazón en flor!!!
prometo mañana leerlo!! ya sabés lo ajetreado que estuvo hoy :)

pero no quería dejar que pasara el día sin decirte (sí! otra vez! lo que te quiero) y que me haces muy feliz!

y entonces, mañana, tranquila, leerte, disfrutarte y sonreír amorosamente!

bicazos!!! y mucho amor ♥

Sarco Lange dijo...

Vera, te lo digo de este modo: a medida que iba leyendo ROGABA que no me fuese a morir antes de llegar al final. Porque si me moría iba a quedar truncada la inmensa felicidad que me embargó al saborear este texto.

Realmente es tan bello que me duele.

Te felicito y te aplaudo.

(* dijo...

Te diré que yo había empezado el día tal que así: "De todos modos aquello era propio de las tardes de lluvia, en las que nos sobreviene el deseo de refugiarnos bajo el paraguas plegable de nuestro pasado." Y ahora, claro, con esta preciosidad, hundiendo las manos en ese arco iris, el paraguas ha volado y ya no importa hacia qué remoto ayer se dirija si hoy, digo hoy, ahora llueve y hemos avistado nuestro faro. El rostro de la naturaleza en tu pluma no es hostil, Vera, es tan creíblemente hermoso que a una se le escapan todos los miedos. Dan ganas de acurrucarse y estar, y ser...

Para acabar, te traigo otra bellísima versión: http://www.youtube.com/watch?v=4yXoI44O4Xo

Un besazo, linda.

Darío dijo...

Un texto de aquellos, tan Wilde...Un abrazo.

Axis dijo...

Termino de leerlo... a qué sí podés adivinar mi cara???
Recordás el gesto de secar las lágrimas con las manos? En este caso aquello no ocurre, no hay manos que detengan tantas lágrimas de emoción. Te adoro. Y esta historia es un regalo tan bello!!! como nosotras riendo juntas, como cuando planeamos una y otra vez lo que nos hace feliz... y más! Gracias. TE QUIERO.

Miles de biquiños :)

Amanecer Nocturno dijo...

Una corriente se desplazó sobre su piel, y el arco iris emitió un sonido placentero que le recordó al ronroneo de los gatos.


Haces magia. Te lo digo muchas veces y te lo diré siempre.

Precioso relato y para completarlo preciosa canción de Russian Red.

Un beso enorme!

esa de afuera de mí dijo...

vera, voy a autodecretarme que en mis dias lluviosos, lo primero que tengo que hacer es leerte.
me llenas de colores y sonrisas.
el ronronear de un gato, es tu escritura.
sos bella y andrea estoy segura que merece esto... luminosas ambas.
espero verlas pronto.

besos inmensos!

lil.

(russian me encanta!!!)

Publize dijo...

Buenas,

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Saludos

Sinuhe, el que es... dijo...

Qué afortunada la criatura multicolor en dar con aquel balcón! ¿Verdad que no había un lugar más adecuado en donde caer...?

Un relato muy colorido!

Bella historia... bello gesto...

Bello abrazo, para vos!

David Mariné dijo...

qué bonito regalo para Andre,Vera. me siento un afortunado al poder leerlo.
los silencios dicen tanto...yo al leerte siempre me sumerjo en un sueño mudo, en un disco donde canta un mimo ausente del mundanal ruído. haces que me olvide de todo Vera, de todo lo que sucede ahí, en mi afuera.
besos.

María dijo...

Hermoso retrato, se siente tanta ternura.
Un abrazo