Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


miércoles, 21 de septiembre de 2011

ESCRITO CON LAS RAÍCES PODRIDAS...

Imagen: Marcela Bolívar






El día es un aliento helado en mi nuca. El suero de la vida gotea veneno en la sangre. De quién será esa mano que sumerge de nuevo mi cabeza bajo el agua, cuando ya el aire regocijaba mis pulmones. En el peso y en el grosor de sus dedos reconozco a aquella que una vez me expulsó de su útero. La que en los buenos tiempos cubrió el garabato de mis brazos, con chaquetitas de angora. Yo fui su primera muñeca de carne. Y como a tal, me peinaba los cabellos mimosos, y los recogía a un lado con sedosos lazos de color rosa. Yo me dejaba hacer, y apenas supe qué era llorar. Pero cuando lo hacía mis lágrimas eran silenciosas, íntimas. Cristal líquido y afónico sobre mis infantiles mejillas. El llanto se convirtió en mi más precioso secreto. Tan solo a la sacerdotisa-soledad me confesaba. Tan solo a ella le suplicaba un abrazo. Me recogía en un seno de mantas, y contaba peces flotando muertos, sobre las escamas de un río. Una vez descubrí como a través de ellos el diablo conducía a mi hermana pequeña hacia el infierno. E imploré y desgarré mis ropas de infancia a cambio de que la devolviera al regazo de mi madre, y consentí en ocupar su lugar. Desde aquel día comencé a buscar el rincón de las hadas en los lugares ocultos de mi cuerpo. El diablo apenas permitía que mis pies tocaran el suelo, aunque a mí me parecía obsceno no desgastar las suelas de mis zapatos. “Si me presento con las suelas impolutas parecerá que he pasado por la niñez de puntillas”, decía. Llenaba mi corazón de plomos que me anclaran al océano. Pero mi alma estaba condenada a la deriva, y al extravío. Los cabellos se me volvieron andrajos, y entre ellos el lacito rosa se sintió ridículo, y echó a volar. Mi madre se pintó los labios con un rouge rojo de decepción. Cuando sonreía yo le hacía reparar en que aquel color le manchaba los dientes. Aquélla era mi áspera venganza, pelusa de melocotón sobre mi lengua.  Las victorias frente a los que se ama dejan un regusto amargo,  a derrota y campos con los miembros mutilados. 
Las ubres del verso llenan el cuenco del poema con la leche amarga de una pregunta. Por qué justamente tu mano, madre….


18 comentarios:

El Joven llamado Cuervo dijo...

Ninguna victoria.

Vera Eikon dijo...

Doble derrota

EMMAGUNST dijo...

uy dios...

El hombre de Alabama dijo...

O empate.

Eleanor Smith # dijo...

Tenes el encanto y el talento suficiente para hacer que vea y sienta esas imágenes *

Un beso o 2 #

Vera Eikon dijo...

Uy, Emma. yo ese nombre sólo lo pronuncio en ciertas situaciones...Pero bueno, entiendo. Bicos

Vera Eikon dijo...

Ese resultado podría valer, Alabama...

Vera Eikon dijo...

Gracias Eleanor. Textos como este me los tomo como un ejercicio para ir cogiéndole el pulso y el tacto a las imágenes. Como un pianista que se desenmohece los dedos ensayando escalas. Bicos!!!

C C RIDER dijo...

Escalas gymnopédicas querida? No te descuides y piensa que cualquier ejercicio puede convertirse en el credo de un ateo despistado también.

Un amante de la deriva.

Vera Eikon dijo...

Oh, me gusta que las escalas te parezcan gymnopédicas, sería milagroso lograr algo parecido con la escritura. Y bueno, yo amo la deriva y el desvarío, será porque no se puede renunciar a la propia naturaleza....Bicos de cara A Coruña

Nina dijo...

¡¡Feliz Otoño para ti!! =)

Carmela dijo...

Muy duro Vera, se va leyendo y cargando sobre los hombros el peso del regusto amargo.
Me encanta tu versatilidad.
Besos muchos.

C C RIDER dijo...

a Coruña con cariño. son recibidos, en las crines de sus caballos

Aka dijo...

Si se trata de un mero ejercicio de escalas como dices, concuerdo con Rider en que es un muy buen ejercicio. Lleno de imágenes muy potentes y metáforas que adornan una tragedia. Es lo bueno que tiene el desvarío y el ensayo, que uno puede liberarse y escribir, tocar, pintar lo que sale en aquel momento... y esa espontaneidad puede ser preciosa

Besos

Vera Eikon dijo...

Disfrute, hermano...

Vera Eikon dijo...

A mí me gusta tomar una imagen e ir enlazándola con otras sin pensar a dónde me lleva, y para descubrir qué lugar es ese. Y en textos como este no tengo nada predefinido, sólo espero encontrar entre las palabras un poso de belleza. En realidad eso es lo que busco cuando leo y cuando escribo, aunque después pueda existir un andamiaje argumental. Son ensayos, pero me encanta que encontréis algún destello en ellos. Biquiños, Aka

Rayuela dijo...

cuánto peso!

magnífico,Vera
besos*

Vera Eikon dijo...

Biquiños, Silvia