Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


jueves, 29 de septiembre de 2011

O CARBALLO COME PEDRAS(versión en español)








Muchos años atrás, cuando la Isla de Cortegada no estaba tapizada de verde y de laurel. Cuando aún no habían llegado los hombres a construir sus casas para años más tarde abandonarlas. Y sólo el cielo observaba como ésta se dejaba acunar, mansa, en el regazo del Atlántico, quien le susurraba una nana. En esos tiempos-como decía-justo en el corazón de la isla, un solitario roble recitaba sus  penas tanto hacia el sol como hacia la luna.


Ay! de mí que estoy sólo

y tengo ojos

para ver

enfrente de mí

al pueblo de Carril

rebosante de árboles

rebosante de pájaros

rebosante de gentes

Y tengo orejas para escuchar

sus  risas

sus cantos

Pero tengo raíces

en vez de pies

Y tengo ramas

en vez de brazos

Para nadar esa distancia

que nos separa

Tan cerca

Tan lejos

Ay, ay!!!

Y pasaron décadas de afilar el tiempo en soledad. Mugiendo una tristeza que le arrancaba escalofríos a las piedras, mientras las noches eran más oscuras, porque las estrellas se negaban a asomarse, heridas de pena. Y cuando lo hacían sus lágrimas resbalaban por las mejillas del cielo, semejantes a perseidas. Incluso la luna decidió ponerse de espaldas y por primera vez nos mostró su cara oculta. Aunque en la tierra los hombres embotados en sus cosas parecían no darse de cuenta, porque cierto es que, a pesar de tanta mistificación, los hombres muy de vez en cuando se paran a mirar el rostro de la luna.

Llegó un día en el que las rocas-por cuyas espaldas, como ya dijimos, se deslizaban escalofríos de tanto escuchar los lamentos del roble-decidieron acercarse hasta él, para preguntarle el motivo de su pena, darle lo pésame y otras formalidades sociales. Porque, como toda la naturaleza sabe, las piedras disfrutan de observar la cortesía, y la única ley de urbanidad para la que están ciegas es aquella de apartarse del camino cuando alguien pasa. Pero eso ya son cosas de la Sra Gravedad.


El caso es que las piedras se acercaron al roble, cuidadosas, y en fila india. Iban encabezadas por la más longeva, quien, debido a una ley no escrita pero por todas acatada, se erigió en portavoz.

-¿Qué le ocurre estimado vecino, que desde el lugar que ocupamos, y a pesar de nuestra discreción natural, no podemos evitar escuchar sus lamentos?

-Estoy solo…. (suspiro. Suspiro. Suspiro….)

-Eso no es así. Estamos nosotras que contamos mucho más de dos docenas.

-Pero- anteponiendo todos mis respetos-, no sois otra cosa que piedras y como tal siempre estáis tan impertérritas y calladas, que casi me muero del susto cuando os habéis acercado. No puedes ni imaginar con que fuerza me latió el corazón cuando me percaté de que abrías la boca para saludarme.

-De acuerdo, se puede decir que generalmente no estamos muy activas, pero es que vivimos tantos años que nuestro ritmo vital y muy, muy, muy leeeento-dijo la piedra con su voz cavernosa-. Sólo en contadas ocasiones, si lo decidimos, podemos igualar nuestro ritmo a vuestro ritmo de seres mortales…. Pero, también están las olas del mar que cuando se sienten felices se pasan el día saltando y dibujando volteretas. Saludando con esos hermosos paños blancos de espuma. No me digas que no escuchas sus risas infantiles, como migas de pan señalando el camino para volver a casa. Y sus cánticos salados que le sonrojan las mejillas hasta la mismísima luna.

-Pero sólo se divierten entre ellas y ni siquiera se dignan a acercarse hasta aquí para refrescar mis ramas en su piel efervescente. Que bajo el sol del verano tendrían el cielo ganado se lo hubiesen hecho. Y pienso que esto que no sería poca cosa porque para mí que esas ya le vendieron su alma al diablo en cambio de tanta desvergonzada belleza.

-Están los peces del mar

- Pero los peces pasan el día rebuznando

-Creo que anda errado, vecino…

-No, no. Que tengo razón

-Bien duro de mollera es este roble- pensó el parlamentario-Y luego hablan de las piedras….

-Están las estrellas del cielo

-Pero no saben cantar

-Y la luna…

-Se pasa la noche mirándose en el mar como sí fuera un espejo. Menuda narcisista!!!!

-¿Y el sol?

-Está todo el día peinándose


-Permítame decirle que es usted un poco exigente estimado vecino


- Tampoco pido tanto….Sólo quiero escuchar las risas del viento carcajeándose entre las hojas de otros árboles. Y el canto de los pájaros alzándose desde el escenario de las ramas de mis vecinos. Que mi sombra se encuentre a lo largo del día con la sombra de otros robles, y se besen en los labios, y se atusen los bigotes. Que las hojas de otros árboles, próximos a mí, si conviertan en un refugio bien fresco para los días de la canícula. Que los rayos del sol se reflejen en las gotas de rocío sobre las hojas de millares de árboles, y se eleven hacia el cielo como un cántico de sirenas matutinas….

-¡Basta, basta!, exclamó la piedra. Creo que ya le entiendo. Supongo que la superficie de esta isla parecería una calvorota si la observáramos desde más altura, pero nosotras, como padecemos de vértigo, vivimos a ras del suelo.


-Y que voy a hacer entonces (lamento. …lamento….) Viviré lustros, décadas, siglos y siempre soloooooo. Casi sería mejor que me partiera un relámpago


-No dramatice vecino. La cosa es bien sencilla


-¿?


-Chicas, deliberemos-dijo la piedra que de entre todas llevaba la batuta


Y las piedras se apertaron, con las cabezas juntas y gachas, y los brazos por encima de los hombros de las otras. Y de esta guisa comenzaron a murmurar…. Después de un tiempo asomó la cabeza de la piedra que se había erigido en portavoz, y, desmigándose del grupo, se acercó al roble.

-Su problema es de bien fácil solución para nosotras. Y como somos muchas y la mayor parte ya vivimos montones de años como piedras, no nos importa sacrificarnos para que sea un poquito más feliz.

-Perdone vecino, pero no le entiendo..

-No hace falta. Déjelo en nuestras manos. Sólo tiene que hacer lo que yo le diga. Pero debe saber una cosa. Acerque su oreja que no quiero que me escuchen el mar, ni los peces.

El roble cogió la piedra entre sus manos y la arrimó a su oreja. Del diálogo que tuvieron sólo podemos transcribir una última frase que no sabemos de qué modo apareció en la Isla de Pascua, escrita en una hoja, que tras procurarle una indigestión, fue vomitada por una botella. “Las piedras no somos lo que semejamos, shhhhhhhh”


Y- suponemos que siguiendo las instrucciones de la piedra- el roble la tomó y la metió en su boca, para luego escupirla unos metros, hacia el este, dibujando un parábola de trapecista. Al posarse la piedra, como era de suponer, prorrumpió en un golpe seco contra al suelo, para en seguida ponerse a temblar, como si padeciera el baile de san vito. En el instante siguiente la piedra comenzó a crecer, mudando los colores de su piel. Comenzaron a brotarle numerosos brazos que en realidad no eran brazos sino ramas, en las que pronto comenzaron a brotar unas hojas verdes y hermosas, palpitantes de vida.


El roble prorrumpió en aclamaciones de entusiasmo, y en seguida cogió otra de las piedras que se amontonaban con las manos levantadas de voluntarias, gritando: A mí, a mí!!. Metió otra en la boca y la escupió. Al instante un pajarito dorado salió volando para posarse en el árbol vecino y comenzar a cantar. La siguiente vez una víbora se deslizó por su garganta, para asomar luego por la boca con dos ojos como carbunclos. Para luego bajar por  el tronco del roble haciéndole unas cosquillas que se moría de la risa.

Y así surgieron los laureles, las alfombras de hierba, los tréboles de cuatro hojas y los cojos. Las corrientes de aire se deslizaban por los labios de los árboles como se fueran armónicas, surgiendo de ellas lo mismo sonido hechizante, tanto que las víboras se pusieron a bailar colgadas de los árboles con la cabeza para abajo. E innumerables milagros que hicieron de la Isla de Cortegada la eclosión que actualmente es.


Suponemos que el Carballo es hoy feliz con todos esos seres queridos alrededor suyo. También suponemos-y con esto no queremos lo reprenderle- que es un árbol insaciable. Porque, aún hoy en día, podemos verlo con un par de piedras metidas en su boca. No podemos evitar preguntarnos qué nuevo milagro tendrá lugar. Árbol, ciempiés, mariposa, tojo, gaviota, colibrí….Sólo el tiempo tiene la palabra. Lamentablemente nosotros nunca lo sabremos. No podemos olvidar que el ritmo vital de los árboles y de las piedras no se rige por los mismos parámetros que el de las personas. Es mucho más leeeeeento


5 comentarios:

Aka dijo...

Vera, un buen cuento infantil para el propósito que comentabas en la anterior entrada. Gracias por la traducción! Que piedras más sacrificadas, y yo que tenía otra opinión de ellas. Divertida imagen la procesión de piedras, y la asamblea de las mismas debatiendo que hacer con el árbol. Desconozco el lugar que describes, pero por el resultado final, debe ser algo mágico lleno de vida, como muchos de los rincones que tenéis por allí en Galicia, donde la naturaleza es una delicia...
Besos

Vera Eikon dijo...

A veces parece que subestimamos a las piedras, Aka. Pero nada sería igual sin ellas(aunque fuera sólo porque ya no podrían servirnos de metáforas de tantas y tantas cosas). Y bueno, Cortegada está rebosante de vida. Y aunque la vida nos rodea, y está presente en todos nosotros, quizás por costumbre, la mayor parte del tiempo nos cuesta sentirla. Afortunadamente alguna que otra vez llegamos a uno de esos lugares mágicos donde la vida nos entra por los poros y nos restaura. Cortegada sería uno de ello. Bico

Rayuela dijo...

me llenaste de magia.

besos*

ana dijo...

precioso relato tanto en gallego como en español, la ventaja que le percibo al primero es que las palabras nos muestran la dulce humedad de la isla, aunque no se entienda todo se siente el arrullo del agua, el revoloteo de los pájaros, el vaivén de las olas, le da una cadencia que dibuja la isla y la vida circundante.

ten preto
tan lonxe

biquiños, Vera

el maquinista ciego dijo...

Me alegro muchísimo por aquellos a los que les has hecho el regalo de traducirlo ;))

Biquiños, Vera!