Eres igual a ti, y desigual, lo mismo que los azules del cielo.

Juan Ramón Jiménez


lunes, 11 de julio de 2011

PUZZLE

Pintura: Laxeiro


Este texto lo escribí en relación a mi entrada de esta mañana. No se trata de tomar partido, sólo un divertimento que resulta de llevar las cosas a un extremo. Fantasía pura...





Un buen día una mujer encontró a un hombre de una pieza-aquí puntualizo, “encontró”, porque generalmente son las mujeres las que encuentran a los hombres-.Y vio que sus ojos se acogían en la mirada del hombre. Sus risas armonizaban con la carcajada del hombre. Y el sexo danzante del hombre imprimió su ritmo a la grieta impaciente de su sexo.

Después del baile se tendieron juntos sobre la hierba. Él le acariciaba el pelo...

-¿En qué piensas?-preguntó ella.

-En nada. Bueno….-aquí el hombre se enmendó porque los manuales enseñan que esa es una pregunta con trampa-En tu pelo.

-¿En mi pelo? El pelo no se piensa…-contestó ella

El hombre creyó llegado el momento de comenzar a poner en juego toda su artillería, y dejó al cabello de la cabeza de la mujer descansar en su placidez de cabello que no se piensa, e hizo avanzar la infantería de su boca a través de aquellas dos turgentes colinas de sus senos, bordeo el pozo del olvido ubicado subrepticiamente en su ombligo, y tomó posición en el bosque del sexo, en el que su lengua-siempre en vanguardia, pues era talentosa y temeraria- se hizo valer en hazañas que el hombre pensó que deberían ser transcriptas con tinta indeleble en los anales de la patria. La mujer durante todo este tiempo estuvo elaborando la lista de la compra, ensañándose en un comentario de su jefe que ella hubiese deseado que algún valiente se lo hubiese introducido-con gran escarnio- por “sálvese la parte”, y recordó que se había olvidado de ponerle de comer al gato. Sólo en el momento del orgasmo se hizo el silencio, y se sintió retornar de él como una mujer nueva. El primer alba de un mundo recién nacido. Una flor silvestre abriéndose en una alfombra de hierba. E intuyó que quizás con ese hombre se quedaría para siempre.

Pero pronto comenzó a mosquearle que aquel hombre fuera de una pieza. ¿Qué iba a hacer el resto de su vida con un hombre así? Comenzó a desmenuzarlo. El hombre se dejó hacer porque al fin y al cabo era hombre, y solía tomarse las cosas como se le presentaban, y aquella mujer era bella. 
La mujer fue separándolo en piezas más pequeñas. Y se pasaba las horas intercambiándolas de sitio, y llevando las piezas de aquel hombre, dentro de su bolso, allá a donde iba. A veces, cuando sentía aquella tristeza que la invadía sin razón-y las mujeres necesitan siempre una razón para todo, y no soportan esa clase de tristezas irracionales, locas-sacaba la pieza de la sonrisa de su bolso. Y contemplaba aquella sonrisa dulce, comestible, e inflamable-pues era como una mecha que prendía en su sexo-. Al principio se sentía feliz mirando aquella sonrisa, pero con el tiempo comenzó a pensar que aquella sonrisa también era irónica, burlona, incluso intrigante. Por lo que ya no la consolaron las comisuras de aquella boca, ni las dunas de aquellos labios. Y sintió como su corazón era mordisqueado hasta el último centímetro por los dientes de aquella sonrisa caníbal. Decidió entonces recurrir a la pieza de los ojos. Porque la mirada es una puerta al alma del otro. Aquellos ojos grandes, pardos, con un rubor verde enmarcando la niña. Las pestañas escarchadas. Tenían un mirar dulce, sincero, cercano. Sin embargo en ocasiones miraban al horizonte, soñadores. ¿Con qué soñarían esos ojos? Quizás con el pasado perdido, o a lo peor, miraban al futuro, a la posibilidad de una nueva vida lejos de ella. Definitivamente, sólo le gustaban sus ojos de presente. No le gustaban sus ojos nostálgicos, ni sus ojos soñadores. Por lo que también descartó los ojos. Y así sucesivamente comenzó a encontrar peros a cada una de aquellas partes, y recordó lo mucho que le había gustado el hombre de una sola pieza, antes de haberlo desmontado. Decidió reunificarlo. Amontonó todas las piezas sobre el manto de hierba en el que habían yacido por primera vez y con cuidado las recolocó una por una. Fue una tarea ardua, que le llevó demasiado tiempo. Algunas piezas parecían no encajar, como si hubieran mudado de tamaño, y fueran más grandes o más pequeñas que el hueco previsto para ellas. Finalmente la figura del hombre resurgió, pero le faltaba el brío del primer momento. Parecía incómodo en su piel, como si al experimentarse por partes ahora se sintiese aprisionado en su propio ser. Ella le miró, pero no encontró hueco en su mirada. Se rió, pero su carcajada desentonó en el silencio. Trató de hacer bailar a su sexo, pero lo encontró taciturno y poco rítmico. 

-¿En qué piensas?-preguntó ella.

-Pues pienso-dijo-en que yo era un ser de una pieza, y eso no te bastó. Es una lástima. Una vez leí que la Escuela de la Gestalt dice que el todo es más que la suma de las partes. Pues bien, tú has sumado mis partes, pero yo siento que a mí ahora me falta ese “más”. 

Entonces él se levantó, y tras un último y conmovido beso se alejó de ella, renqueante, pues recordemos que había quedado descoyuntado. 

La mujer permaneció triste, pensando en que siempre se aprende algo nuevo e inesperado. Porque nunca hubiese imaginado que a la sempiterna pregunta de toda mujer al hombre amado “¿en qué piensas?” hubiese preferido entre todas las respuestas “en nada”.

14 comentarios:

El hombre de Alabama dijo...

Pues estupenda fantasía, oye.

La pregunta, hay que reconocer, es puñetera.

Manuel dijo...

Cuando destripas aquello que te gusta, deja de ser interesante... y el misterio desaparece.

vera eikon dijo...

Sí Alabama, pero es superior a nosotras, a veces no podemos evitar hacerla!!!

vera eikon dijo...

Está claro, Manuel, además a veces ocurre que acabamos volviendo loco al otro...Un abrazo

Curiyú dijo...

A mi una vez me encontró una mujer, bah, encontró un fragmento de mí y me gustaba como acariciaba ese fragmento y lo amaba sin mayores reparos mientras yo, no pensaba en nada.
No sé en que pienso cuando leo esto, quizá en nada. Ahora tengo en la cabeza el sexo danzante y la grieta impaciente, pero después, puedo sentir su mano en mi pelo. Creo que me hice bolas.

Eleanor Smith # dijo...

Por qué será que lo cuestionamos todo, que lo desarmamos y armamos de nuevo?
Realmente me dejaste pensando. En mí misma y mis actitudes. Como por ejemplo, callar y no decir las palabras "exactas" a quién quiero y así sigo además, desmenuzando y desmenuzando cuando en realidad no es necesario.

Este texto me tocó y mucho. (No tienes idea de cuánto)

Un beso o 2 #

vera eikon dijo...

Bueno, Darío, creo que todas esas cosas pueden conjugarse. En el amor y en el sexo podemos utilizar todos los tiempos verbales, y perífrasis, para después acabar de vaciarnos de toda palabra y todo pensamiento. Y si queremos hacernos bolas también...Yo también me perdí!!

vera eikon dijo...

Yo también creo que tendemos a complicarnos, supongo que en parte se debe al miedo, que nos hace andar a tientas, sin el atrevimiento para lanzarnos. Amar al otro o a los otros, sin más, sin cuestionamientos, darse y dejar que el otro se dé. En definitiva, vivirse tal y como somos. Vivirse y dejar de tanto pensarse. Me gusta el modo en el que sientes lo que escribo Eleanor. Se te nota muy viva. Bico

Malena dijo...

De tanto buscarle el pelo al huevo, lo encontramos.
Y lo peor es que ni siquiera nos molestan los pelos ni el huevo. Es de puro hinchapelotas, nomás.

Curiyú dijo...

Ja ja ja, Malena me hizo reír. Hay huevos y huevos...

Aka dijo...

Pués te quedó un texto perfecto, me he visto desmontado y como desmontador, una bonita metáfora de explicar un comportamiento tan complejo que en mayor o menor medida tenemos todos. Hacer categorías, listas con las cosas buenas y las malas, analizar la conducta de los otros, siempre intentando entender o creyendo entender al otro cuando en realidad no nos entendemos ni a nosotros mismos.

Me vuelve a gustar el cuadro que has escogido para ilustrar la entrada :)
besos

vera eikon dijo...

Pues yo me río con Darío, Malena....Nunca sé por donde vas a salir!!! Bico

vera eikon dijo...

Es que Aka, creo que a veces cuanto más intentamos entender más nos perdemos. Al desmenuzar las partes perdemos la noción general, que es la que realmente nos mueve hacia alguien. Me alegra que te guste el cuadro que es de otro pintor gallego.
Un biquiño

horusnarmer dijo...

Es exactamente com decís. Interpretamos ambos roles. Uno a sabiendas, el otro por omisión.
En cuestiones sentimentales, nada se recompone.
Podemos re-incidir, en algo anterior, con envase nuevo. Ya no es lo mismo.
Aquel tatuaje que te hiciste en la oreja...
Esa prenda nueva.Una nueva mueca.Todo.
mejor tirar todas las piezas entonces...